domingo, 27 de octubre de 2013

A Roma con amor: La ciudad eterna vista por Woody Allen

Tras varios años disfrutando de Woody Allen se llega a la conclusión de que resulta imposible comparar todas sus películas dentro de la montaña rusa que resulta su filmografía. Las tiene clásicas ('Bananas', 'Toma el Dinero y Corre'), brillantes ('Annie Hall', 'Manhattan', 'Match Point', 'Midnight in Paris'), olvidables ('Conocerás el hombre de tus sueños'), malas de necesidad ('Vicky Christina Barcelona') y otras que se caracterizan por situarse en el medio, por tener un cierto toque kitch, romántico o histriónico que las cataloga como películas agradables (incluso interesantes) de ver, pero que no entran en el club selecto del director. Eso es, películas como 'A Roma con Amor', una suerte de Manuale d´amore cargado de grandes dosis de dialéctica intelectual y crítica sarcástica. Es otro de sus regalos Europeos, una dedicatoria a la cita eterna, su encanto, su belleza y su música, huyendo de reflejar tópicos exagerados pero sin regalar personajes auténticos, naturales, con alma. De hecho, de entre unas cuantas historias banales y algo simplonas consigue que la suya, la del ex director de ópera retirado, su mujer y la ducha, sea la que contenga el filón, las mejores conversaciones, y sea la que obsequie (revolviendo en la esencia de aquella comedia de principios de su carrera) al mejor Woody Allen. Lo cierto es que el resto de actores, tanto italianos como americanos, brillan poco, exceptuando la gestualidad de Benigni (y su inspirado vapuleo al mundo de la fama) o la sátira irónica de un renovado Alec Baldwin. Roma pues, se propone como un lienzo donde encontramos cuadros interesantes o divertidos, de los que querríamos conservar, y otros rápidamente vendibles; generando un film desigual pero no desdeñable. Una comedia light, pero con encanto, que podría haberse convertido en algo soberbio si Allen, esta vez sí, se hubiera cedido todo su potencial a sí mismo y hubiera hecho pleno uso de aquello que más le caracteriza: el ingenio del absurdo filmado en palabras.

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