domingo, 20 de octubre de 2013

El Doré: mucho más que un cine.

Hay un lugar en la calle Santa Isabel 3, en Madrid, cerca del Metro de Antón Martín y paralelo a la calle Atocha, donde se puede ver buen cine. Ese lugar es el Cine Doré, uno de esos edificios con un encanto especial y que dentro te transporta a los cafés de París, al cine de antes, al placer de rodearse de belleza. Desde su coqueta portada, pintada de rosa salmón, hasta la pequeña taquilla, el vestíbulo, las escaleras, la cafetería, las mesitas para sentarse o claro está, las salas, todo rebosa carisma. Uno se sumerge y le parece que ha hecho mucho más que ir al cine.
El edificio, posiblemente denominado en origen como "Do- Re" haciendo mención a la escala musical, fue inaugurado en 1912 y reformado varias veces en años posteriores. Hacia los setenta había venido degradándose con el tiempo, tanto estructuralmente como en su función, pero vio su resurgir a partir de 1989, cuando pasó a depender del Ministerio de Cultura y fue asignado a la Filmoteca Española. Actualmente se puede consultar su cartelera en la web de la Filmoteca, donde se cuelga en PDF su
programación:
http://www.mcu.es/cine/MC/FE/CineDore/index.html . Por tan sólo dos euros con cincuenta, se puede ver una oferta muy variada. Desde los clásicos de Woody Allen, a las últimas nominadas a los Goya, ciclos de cine asiático, otros dedicados a grandes maestros del cine, otros temáticos (deporte, medio ambiente) o deliciosas películas como "La Familia" de Ettore Scola, programada durante este último mes de Julio. Cuando la película va a comenzar, las luces se apagan en la Sala 1, la sala Azul, se abren las cortinas (igual que en los antiguos cines) y surge, por ejemplo, el retrato familiar de Scola, un retrato que va mutando a través de Carlo, el protagonista, y ese pasillo, metáfora de la vida.  Una película sublime y maravillosa "La Familia", de un sabor especial cuando se degusta, además, en un escenario como el del Doré. El cine, se vive de otra forma.
Lo cierto es que aunque el Doré se caracteriza por renovar el antiguo encanto del cine, a día de hoy, si se va a ver una película de gran afluencia de público, es recomendable coger las entradas a la hora de apertura de las taquillas, a las cuatro, si no, se corre el riesgo de quedarse con las ganas. Para Agosto se reserva en su programación un ciclo dedicado a Blake Edwards, y en Julio aún se puede disfrutar de películas estrenadas hace relativamente poco tiempo como "Bienvenidos al Norte", un ciclo sobre cine fantástico español ("El Laberinto del Fauno") u otro sobre Robert Aldrich. Además, para quienes necesitan otro aliciente, junto con la cafetería, el espacio también ofrece una librería especializada en cine, a la que merece la pena entrar.

Para quienes lo conocen, no hay mucho más que decir. Una vez que se va, siempre se repite. Para quienes no lo conocen aún, ¡animaos! Verdaderamente, merece la pena acercarse al Cine Doré.

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