domingo, 27 de octubre de 2013

Recomendación cinéfila: El Capital

 
Las cosas están mal. Y es para asustarse cuando uno puede ver la película Network del gran Sidney Lumet, filmada en 1976, y sentir su vigencia de forma contundente ante ese magnífico y acalorado discurso en directo protagonizado por Peter Finch.

Con El Capital ocurre lo mismo. Y ocurre ahora, a 30 de noviembre de 2012. La diferencia es que esta película versa íntegramente sobre el tema de la banca y se hace directamente partícipe del caos actual, aunque se sitúe narrativamente antes de que - en palabras de su personaje clave - todo caiga. El protagonista de la película es Gad Elmaleh (sí, ese actor de ojos saltones que solía hacer comedias) y el cuál se zambulle en una trama que destapa, mediante una sátira y una crítica descubierta de enorme belleza, perfecta factura y mensajes económicos y sociales para despertar el horror; todo el nepotismo, las irregularidades, la mafia, los tejemanejes, la podredumbre y la mentira que envuelve al mundo financiero en general. Al mando Costa Gavras, un director siempre interesando en esto de "las películas comprometidas" y que se tira también a la piscina con ímpetu de gritar verdades con el refinamiento de un film made in Hollywood.

El lema de "seguir robando a los pobres para dárselo a los ricos" es una máxima que desfila sin prejuicios, dando la cara, casi con orgullo, durante toda la película. Dejando, si cabe, más al descubierto ese pozo de negrura y ambición que es el dinero en sí. Y es que Gavras sitúa al vil metal como el auténtico amo de todo el asunto. El cual se retroalimenta mediante aquellos que forman parte del juego en las altas esferas; siempre a merced de sus propios instintos caníbales; y claro, también de aquellos a los que - de nuevo en palabras de personaje - "les joden 3 veces", es decir, a nosotros. A la plebe. A los que corren el riesgo sin poder medir las consecuencias, ni cuentan con la opción de buscar un salvavidas. Lo único que dejan últimamente abierto son las ventanas, por las que antes - allá por el 29 - caían banqueros y ahora, tristemente, caen personas. Porque uno no puede vivir en este mundo actual, ni salir de ver esta película, sin palpar la gravedad extrema de todo este asunto. Sin sentir la impotencia de no poder desenmascarar a quienes sacrifican el todo por el todo y lo lamentable de vivir en una sociedad donde la moralidad cívica hace ya tiempo que pareció irse en el primer tren que pasaba.

De todas formas, en este film hay que hilar fino, no dejarse engatusar por un protagonista que puede querer imitar a Robin Hood, pero no al de los bosques, sino al de los despachos de cuero. Y ahí reside la genialidad de la cinta, en que todo y todos, al 100%, están vendidos. Y es que ¿hay algo peor que seguir siendo parte del juego, aunque sepamos que está mal? La respuesta es no, y que nos da igual. Eso es, al menos, lo que dirían banqueros, empresarios de grandes fortunas e inversores sin escrúpulos. Que no (les) importa.

Con una estética depurada, una fotografía plástica y fría, de la misma tonalidad que un cielo gris como el que se cierne sobre Europa; Gavras ofrece un discurso sin censura, de frente, pero haciendo uso del mismo vocabulario de aquellos a los que critica. Porque así se ve todo mucho mejor. Desde dentro. Y de vez en cuando, sólo de vez en cuando, deja que grandes y aplastantes raciocinios de la clase "gobernada" salgan a la luz. De hecho, para la memoria quedarán las escenas de la comida familiar y de la sala infantil, donde las generaciones del futuro son representadas como sujetos alienados por un mundo dirigido por jugadores de póker sin escrúpulos. Y cabe preguntarse ¿no hay futuro? ¿sirven de algo estás películas? La realidad depende de tantos factores que es como jugar a la ruleta, pero algo está claro:
estas películas se necesitan.
Y es que El capital es excelente no, excelentísima. Y debería verla todo el mundo.

Desgraciadamente no podemos olvidarnos de aquello de que "la banca siempre gana." Aunque también hay otro refrán que dice, "todo lo que sube... baja." Y es que, volviendo al principio del artículo, ¿no os entran a vosotros también ganas de convertiros en Peter Finch y gritar eso de:
¡Estoy furioso y no pienso aguantarlo más!A mí sí.

Escena de Network:

http://www.youtube.com/watch?v=8kyMXiEJWXo

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