lunes, 4 de noviembre de 2013

El lado bueno de las cosas: exaltación de la locura.

Si hay algo destacablemente original en El Lado Bueno de las Cosas, la nueva película de David O. Russell (The Fighter), es la pasión intrínseca de su guión por desmitificar la locura y perderse en su hermosura. Tratar la inherente insanidad del ser humano como una parte, no sólo no desdeñable, sino respetable. Lo cierto es que tanto Pat como Tiffany son personajes que no funcionarían dentro de la normalidad y los actores que los interpretan se crecen, precisamente, en el ambiente de irracionalidad que cimenta sus vidas. El extraordinario guión no se basa en arquetipos, sino que es capaz de retratar los dramas de nuestro tiempo (la infidelidad, el estrés, la muerte, el trabajo, el matrimonio, la insatisfacción o el amor) desde el punto de vista de todos aquellos que navegan en el desequilibrio. Por eso, es una pena que el film acabe por sucumbir a lo mainstream, y derive hacia una segunda mitad donde los rasgos de sincera elocuencia y original eclecticismo se desmenuzan y en vez de florecer, desaparezcan en favor de una rom-com al uso.

Eso sí, Jennifer Lawrence (hipnótica) y Bradley Coopper (muy convincente) regalan dos interpretaciones que hacen brillar este film, le dan cuerpo y hacen que buenos diálogos o situaciones crezcan y se revitalicen. A su lado, los personajes secundarios de Jacki Weaver y DeNiro son desiguales. Juntos, funcionan espléndidamente, separados, DeNiro queda sometido a la incoherencia de su personaje. No obstante, éste es un film excelente, una comedia sobre la locura que nos empuja estar vivos. Y que, en términos generales, sabe alejarse de todo aquello visto ya cien veces. El Lado Bueno de las Cosas es, al fin y al cabo, un soplo de aire fresco y positividad nada desdeñable en los tiempos que corren.

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