martes, 5 de noviembre de 2013

Película Oculta: Breaking and entering

Breaking and Entering, que es como se define en inglés el delito de introducirse ilegalmente en una propiedad privada, se basa en un guión de Anthony Minghella que estuvo diez años cogiendo polvo hasta que él mismo acabó por dirigirla. Sería su último film, puesto que desgraciadamente falleció antes de tener tiempo para continuar su interesantísima carrera. Minghella relató siempre las relaciones humanas como lazos que unimos nosotros mismos, enredándonos en ellos y colgándonos sobre el vacío durante el tiempo necesario para aniquilar nuestras pasiones voraces. Cold Mountain o su título más conocido, El Paciente Inglés, son viva prueba de ello. Con este film, el director regresa a ambientes más contemporáneos como ya hiciera en sus comienzos con Truly Madly Deeply.

Planteando la dicotomía de dos mundos bipolares, uno de diseño, amable y dibujado para asistir las necesidades estéticas y la comodidad de sus habitantes; otro la viva imagen del Londres urbano, de barrios de cemento para familias de baja renta; el film reconstruye un retrato social de las inseguridades modernas. La historia de un arquitecto y una modista, cuyas líneas se cruzan debido a un robo; son las dos puntas de aguja de un tejido del  que emergen una mujer depresiva y un hijo conflictivo. Todos confluyen presos en la lucha interna que se produce entre lo que se desea y lo que se posee. En ese tránsito, las personas que se quieren van alejándose irremediablemente los unos de los otros.

Minguella contrapone dos universos de necesidades distintas: mientras hay quien se conforma con ser razonablemente feliz, frase cáustica de la contemporaneidad; otros lo hacen tocando un piano sin teclas olvidando que lo necesario es "poner el alma y la cabeza" en las vidas originales. En la fría sociedad actual donde se maquillan y embellecen los edificios dispares para ocultar la veracidad interna de las personas conviven dos realidades. La de una madre (Juliet Binoche) devota en el amor hacia su hijo y empequeñecida por la ausencia, la soledad y el desarraigo del contexto inmigrante de quienes abandona su hogar en tremendas circunstancias y sobreviven en la realidad inglesa descuartizados por dos identidades y las salidas fáciles de finales difíciles que éstas conllevan. Y la de un hombre (Jude Law) incapaz de subsanar las heridas de un matrimonio cuya brecha de separación se va haciendo más y más grande, pendiendo en un silencio sentimental que no le permite alcanzar a una mujer (Robin Wright) perdida en el vacío depresivo de la inquietud interna.

Minguella, en un cruce de palabras siempre cargado de significado, compone una realidad fracturada y expone los andamios de su proceso de reconstrucción. De nuevo evoca el amor como el impulso destructivo y sanador a un mismo tiempo y refleja las angustias (moderadas pero presentes) en el mundo actual, donde la escala de grises que refleja física y contextualmente la película representa la variedad del drama cotidiano por encima del catastrofismo dramático de otros de sus trabajos. Es este un film poco conocido pero extremadamente recomendable, sobre todo si se degusta junto a Closer, ese otro retrato íntimo de Mike Nichols.

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