lunes, 4 de noviembre de 2013

Recomendación cinéfila: Blue Valentine & el desvanecimiento del amor.

Parece que a pesar del gran (y fructífero) esfuerzo psicológico de Ryan Gosling para meterse en la piel de su personaje en Blue Valentine, la experiencia ha merecido la pena, puesto que ya ha repetido con su director, David Cianfrance, en The place beyond the pines. Otro drama de estreno en unos meses y que poco tiene que ver con esta historia de desamor donde se ve acompañado de otro talento que debería de ser más reconocido, la genuina Michelle Williams, una actriz tan visceral como su partenaire y que también sufrió lo suyo para preparar su papel de persona, madre y esposa insatisfecha con la vida.

Lo cierto es que si hay algo en esta historia que deja su honda marca en el espectador es la cruda naturalidad, la sinceridad plena con la que se cuentan dos historias en una: la del enamoramiento de dos almas despreocupadas, filmada en lugares abiertos y en constante movimiento; y la contraria, la del desenamoramiento y caída en picado de una pareja bipolar que ha perdido, más por parte de ella que de él, la química que un día les hizo felices. Y es que, en el fondo, Blue Valentine habla del amor como algo inevitablemente unido a las decisiones que tomamos en la vida y sobre todo, las personas a las que nos "atamos".

La película habla de bifurcaciones y de opuestos, de insatisfacciones y de las inevitables heridas provocadas por el tedio, en una sucesión de idas y venidas entre pasado y presente en una trama llena de opuestos. Lo que para un personaje parecía una salida y para otro una oportunidad, se convierte en una ratonera para el primero, y deja al segundo enredado en una madeja de autodestrucción y triste incredulidad. Su único fallo parece ser el dejarle todo el peso a los intérpretes descuidando a veces la trama. Pues si bien no pretende crear la ambivalente situación de poli bueno poli malo, el guión hace aguas un par de veces, al llevar algunas situaciones clave hasta unos límites poco verosímiles e incomprensibles, que hacen que, desgraciadamente, el espectador acabe por tomar partido.

Lo innegable es que Gosling y Williams están soberbios en este drama que saca absolutamente lo mejor de ambos en unas interpretaciones tan mutantes como las características de sus personajes; siempre envueltos en la estética de los suburbios americanos, y empapada por un sentido visual y un montaje estético que no sólo los enmarca a ellos sino que es capaz de dejar aflorar en unos pocos trazos el pánico intenso que tenemos las personas a decaer y marchitarnos. La narrativa de este film poético y a la vez desgarrado, pretende contar una historia sobre los cambios, sobre los vaivenes de las relaciones donde la claustrofóbica realidad acaba por ganarle la partida al desigual recuerdo de una juventud poética. Porque así es Blue Valentine, una historia sobre la decepción, y el desvanecimiento del amor.

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