lunes, 4 de noviembre de 2013

Recomendación cinéfila y Película del mes: Pacific Rim

Voy a intentar ser lo más objetiva posible, aunque por una vez creo que voy a fracasar estrepitosamente. Y es que hay una sensación que hacía mucho tiempo que no había sido capaz de obtener al cien por cien en una sala de cine: la de sentirme ilusionada, divertirme, emocionarme y disfrutar plenamente con los cinco sentidos de un buen film de acción y aventuras. Lo más parecido fue Star Trek Into Darkness y aún así, no fue una cinco estrellas a pesar de su calidad. Hacía tiempo, pues, que no me sentaba en la butaca pensando: "¡Esto es lo máximo. Quiero más!" Y entonces llegó Pacific Rim.

Desde que el proyecto de Guillermo del Toro salió a la luz se había creado una sensación de enorme expectación dentro de mi parte cinéfila y por primera vez en muchísimo tiempo eh aquí un film que supera las expectativas y se sitúa como la mejor película del verano, y la mejor en su género en, por lo menos, diez años. Lo que ya es decir mucho. Pacific Rim es lo más impresionante que ha hecho del Toro hasta la fecha, tanto en sus dimensiones como en su financiación. En pocas palabras, un auténtico peliculón. Es una historia sobre los Kaiju, una suerte de enormes monstruos nacidos de la mitología nipona (como Godzilla) que surgen de una brecha entre mundos que se encuentra en el océano Pacífico; y sobre los Jaeger, unos gigantescos guerreros de metal creados por los humanos para combatir a los invasores marinos y cuyo parecido con Mazinger Z no es para nada casual. Pero, ante todo, como en un Top Gun sublimado para el siglo XXI, es una historia sobre los pilotos que comandan estas descomunales máquinas, la fuerte unión que se crea entre ellos, y su lucha contra miedos, furias y debilidades internas metamorfoseadas en estos gigantescos aliens, auténticos amores del director mejicano. Del Toro ha mimado cada detalle de ambos monstruos como si fueran sus hijos, tan llenos de escamas y ácido como de acero y conexiones neuronales, y con esa dedicación, les ha dotado de sentido en cada plano. Y es que si hay algo que hace de este film un tremendo e indudable éxito no es sólo su capacidad para sorprender a pesar de beber de inumerables y reconocibles fuentes; sino el inteligente balance entre el peso narrativo de los protagonistas y unas escenas de acción tan impresionantes y bien hechas (uno se pregunta si existen los límites del realismo digital) que cualquier otro film de este año languidece a su lado sin oportunidad de defenderse.

Además, el guion de Pacific Rim no pretende intelectualizar a las masas con tres capas de enrevesados subtextos ni envolver al espectador en las desoladoras oscuridades de los nuevos héroes made in DC. En este film, lo que se ve es lo que hay, al estilo de las épicas aventuras tradicionales donde prima la empatía, la humanidad y ese amor romántico por la belleza de lo antinatural que es ya sello del director. En ese sentido, destaca la premeditada elección de un cast sin estrellas, pero con elementos de peso como Idris Elba (Prometheus) y caras frescas como la de Charlie Hunnam, que parece haber nacido para este papel en el que derrocha ese swagger canalla que tanto le caracteriza en la serie Hijos de la Anarquía. A su lado está Rinko Kikuchi, un personaje alejado de las feminidades prototípicas americanas e interpretado por esta actriz a la que ya conocimos en Babel y nos enamoró en Mapa de los Sonidos de Tokyo. Todos ellos encabezan un cartel de personajes dibujados a base de certeras pinceladas, pero para nada huecos. Pacific Rim se toma en serio, pero por ello no carece de humor (ahí están Charlie Day, Ron perlman y Santiago Segura) y no pretende deslumbrarnos, sino hacernos disfrutar. La verdad es que Del Toro decía que se lo ha pasado como un niño grande haciendo este mastodonte de 150 millones dólares... y se nota. Nosotros nos hemos sentido así viéndola.

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