viernes, 17 de enero de 2014

12 años de esclavitud: McQueen oscarizable.

En 12 años de esclavitud es la desoladora idea de partida: un hombre nace y crece libre para acabar pasando más de una década de su madurez como esclavo en las peores (y mil veces vistas) condiciones de vida de este maltratadísimo colectivo, la que aporta la auténtica originalidad. No obstante, son la música de Hans Zimmer y la ex-ce-lente fotografía las que componen una visión naturalista y preciosista de un film crudo y paradójicamente narrativamente desadornado. Porque las las películas de Steve McQueen carecen en general de la añadidura melodramática que acoge (o permite) los puntuales estallidos de angustia interpretativa que otras películas sobre la esclavitud han arrojado ante la cámara. No se trata de una ausencia de drama (hay lágrimas, latigazos y otras cosas peores) sino de una ausencia de exhibicionismo, gracias a la delicadeza y en gran medida la honestidad con la que ha sido rodada.

Y es que si bien McQueen ha venido confiando en actores de muchísimo talento para responder a los desafíos del guión, en el caso de 12 años de esclavitud, los personajes se encuentran absolutamente al servicio de la historia y son el director y el guionista, con sus propuestas contextualizantes, es decir: las escenas que desean contar y la forma en que desean rodarlas; quienes convierten esta película en un drama de importantes dimensiones. Es la disposición y composición de dichas escenas lo que revaloriza el film y lo que emociona al espectador. Y es que podemos encontrarnos con un Michael Fassbender desbocadísimo, con un Chiwetel Ejiofor superviviente o con una Lupita Nyong´o sufriente, pero son las situaciones las que nos erizan la piel. Sobre todo, sabiendo que la película está basada en las memorias del protagonista. Con todo, es más que posible que destile un cierto aroma a pretenciosidad en el mensaje promocional, como si ÉSTA fuera la película definitiva sobre la esclavitud. Cuando, mirada de cerca, su magia se despliega al imaginarla como una re-definición de la imaginería cinematográfica vinculada a la esclavitud, abriendo un nuevo camino, planteando una nueva mirada, no imponiéndose como paradigma.
 
En última instancia, el subtexto del film es la certeza demoledora de la existencia de esa enorme mancha enorme y oscura que en EEUU enraizó culturalmente hasta el punto de la repugnancia histórica infinita. 12 años de esclavitud plantea tanto el complejo diálogo entre lo que implica vivir y lo que sucede al sobrevivir, como la comprensible locura que nace endémicamente en aquellas personas enfrentadas a su propia naturaleza esclavista; sumergiéndonos una vez más (si bien no de la misma forma) en una sociedad despreciable donde el tremendo rechazo a la raza negra se convierte en una vil deshumanización que les permite tratar a esas personas peor que al ganado. Es algo perturbador, al fin y al cabo, imaginar que la inteligencia del ser humano le convierte en el único ser capaz de las mayores crueldades dedicadas a sus semejantes. Por eso, a la postre, se hace completamente necesario no sólo que cíclicamente se reanude el debate, sino que alguien nos recuerde cada cierto tiempo nuestros más profundos pecados.

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