viernes, 21 de febrero de 2014

Película del mes: Nebraska.

Nebraska, que obtuvo una ovación de diez minutos en el pasado Festival de Cannes, parece la hermana pequeña de entre las nominadas a Mejor Película en los Oscar 2014. Puede ser, también, erróneamente entendida como una obra menor de su director, Alexander Payne. Y es que esta vez no hay un George Clooney o un Jack Nicholson encabezando cartel, ni siquiera Paul Giamatti o Sandra Oh, protagonistas de su éxito hollywoodiense Entre Copas. Además, Nebraska está rodada en blanco y negro en un pueblecito de la América profunda y sus protagonistas son un avejentado Bruce Dern y una deslenguada June Squib (ambos nominados al Oscar como mejor actor y secundaria por su excelente trabajo en el film). Al lado de las favoritas, esa Gran Estafa Americana, Gravity, El lobo de Wall Street o 12 años de esclavitud parece encogerse y, sin embargo, es una pequeña gran obra que con su compleja sencillez debería (en un mundo justo) ser una auténtica rival.

Y es que Nebraska es hilarante, tierna e inteligente. Su humor esconde el trasfondo de las miserias de la edad, los abismos generacionales, los lazos familiares y una visión de América tan honesta y empática en su relato que no se molesta en enmascarar la obviedad de la vida rural. Si echamos la vista atrás en la cartelera recordaremos Agosto y esas planicies de la desoladora Wyoming; ¿podría ser Nebraska la cara afable de esta posible dicotomía crítica sobre la familia? Es una posibilidad. Lo que es seguro es que este tema es recurrente en la filmografía de Payne, que firma como director pero no como guionista a pesar de haber mencionado el carácter íntimo del film para él, debido al reciente fallecimiento de su padre poco tiempo antes de dirigirla. Y es que entre los contraluces de una fotografía no sólo estéticamente favorecida, sino inteligentemente concebida para ensalzar los claroscuros, Payne relata la relación entre un padre y un hijo (poniendo el acento en todo aquello que desconocemos de nuestros progenitores como personas) y sublimando su propia propuesta de éxito con un film que juega a no hacer reír porque sabe que la vida, en sí misma, ya contiene todos los ingredientes de la tragicomedia.

lunes, 10 de febrero de 2014

Dedicado a: Leonardo DiCaprio

Dediquémosle a Leo un artículo antes de que gane el Oscar (o por si desgraciadamente no lo gana) porque es hora de un reconocimiento. Que la Academia tome nota, por favor.

Todo esto surge a raíz de El Lobo de Wall Street, claro. Qué brutalidad de actuación, sinceramente, ¿qué más esperan que demuestre este chico? Al salir del cine empecé a pensar en los papeles de DiCaprio y me reiteré en mi conclusión de que jamás ha fallado. Puede que haya alguna película del montón por ahí, como El hombre de la máscara de Hierro o Rápida y mortal; o que no todos sus films hayan sido un éxito de crítica o público (Celebrity, Gatbsy, Shutter Island) pero él siempre lo ha dado todo como actor, con espléndidos resultados. Y esto es pura objetividad. Las cosas son así, que vayan al psicólogo los que no le soporten.


Dejando atrás sus comienzo en tv la (ingente e impresionante) lista de títulos cinematográficos (27) casi no tiene mácula. Tres de sus primeras cintas, Vida de este chico, ¿quien ama a Gilbert Grape? y Diario de un rebelde dejaron claro que el jovencísimo intérprete tenía lo que se necesita en Hollywood para convertirse en estrella emergente (eclipsando, por el camino, a Johnny Depp). Aunque indudablemente la locura llegase con Titanic. La semilla de rebelde adolescente con sex-appeal movilizador de hormonas ya la había plantado de la mano de Baz Luhrman en su adaptación de Romeo y Julieta junto a Claire Danes; pero el hundimiento del barco insumergible y su romance con Kate Winslet le llevaría a la cima del éxito y también marcaría el comienzo de sus extrañas desavenencias con la Academia, cuando no fue nominado por el papel de Jack y tampoco acudió a la ceremonia donde el film de James Cameron se llevó 11 estatuillas. Yo tenía nueves años cuando salió Titanic, fue mi primera obsesión cinematográfica. Quería saberlo todo sobre el suceso histórico, sobre el proceso cinematográfico y, claro, también tenía forrada la carpeta con fotos de Leo, Kate y ese beso en proa que junto con la voz de Celine Dion ya forma parte del imaginario colectivo del mundo. Era demasiado pequeña para ir a verla al cine y mis padres la compraron en VHS, no me moví del sillón en tres horas y es  posible que sea la película que más veces he visto en mi vida. Por eso, cuando la re-estrenaron en 2012 por el centenario en 3D y pude verla dos veces, una de ellas en el Imax de Londres-Waterloo, creo que fue uno de los mejores momento de mi vida cinematográfica. Por fin pude llorar en pantalla grande. Y, claro, aprovechando que estaba en Reino Unido, visitar toda exposición sobre el barco que estuviera a mi alcance, incluido el museo de Belfast, donde se construyó el navío. Toda esta información personal sólo sirve para dejar claro que yo fui de esa generación, la de Titanic, la de Leo. La de los noventa. Y he crecido viéndole crecer en sus películas al mismo ritmo que iba evolucionando mi amor por el cine. DiCaprio acaba de cumplir 39 años ¿cómo ha pasado? Pero sigue conservando ese rostro juvenil y esos ojos azules voraces.
 

Poco a poco, año tras año, trabajo por trabajo, ha ido cimentando poco a poco su posición en Hollywod, afianzó su talento, fue evolucionando como actor y ha ido añadiendo modelos a su lista de parejas sentimentales, resumida por Amy Poheler y Tina Fey en los pasados Globos de Oro. No obstante, su actual posición en la industria hoy en día es inmensa, siendo también activista a favor del planeta y la biodiversidad con su propia fundación. Cinematográficamente es posible que Gangs of New York marcase una clara diferencia, porque le permitió conocer a Martin Scorsese, con quien ha formado uno de los tándems cinematográficos para exitosos y prolíficos de Hollywood. Desde entonces no ha dejado de trabajar con otros grandes directores y ha regalado actuaciones para el recuerdo: Atrápame si puedes, El aviador, Infiltrados, o Diamante de sangre. Con Revolutioanary Road tuvimos la oportunidad de imaginar qué habría sido de Rose y Jack en la América de los años cincuenta; y es que en esta película dirigida por Sam Mendes (entonces marido de Winslet) los dos actores volvieron a reencontrarse si bien llevaban siendo amigos desde 1997.  
 

A continuación vinieron dos de mis títulos favoritos y dos de sus mejores interpretaciones: Origen y Django Desencadenado. Entre medias J.Edgar, El gran Gatsby y su última aparición: El lobo de Wall Street, que es su quinta colaboración (y sin duda la más compleja) con Martin Scorsese. Un proyecto personal que ha sacado el mismo adelante como productor. De sus numerosos trabajos, ha sido nominado a los Oscar 3 veces (Gilbert Grape, El aviador y Diamante de sangre), sin haber ganado nunca ninguna estatuilla, si bien tiene en casa dos globos de oro por El aviador y recientemente por El lobo de Wall St por la que también ha vuelto a ser nominado como mejor actor en los Oscar 2014. Dada la trágica injusticia del año pasado, cuando ni siquiera fue nominado como secundario, las esperanzas están puestas en el próximo 2 de marzo, cuando podría por fin llevarse el premio a casa. Su máximo competidor es Mathew MacConaughey, y ambos tienen posibilidades. No obstante, ya es hora de que Leonardo Dicaprio sea finalmente reconocido por su carrera y sus aciertos actorales. Pero ¿cuántos inmensos actores hay sin Oscar? ¿Cuántos tuvieron que conformarse con un Honorífico? Esperemos que no sea el caso, a pesar de todo, lo importante es tener talento y trabajo y a DiCaprio no le faltan ninguno de los dos.
 


 
¿Brindaremos por su Oscar?
 

 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Recomendación cinéfila: A propósito de Llewyn Davis

Si algo hace de un buen musical un buen musical es que éste (aunque suene paradójico) llegue al espectador a pesar de su música. Y la nueva historia perpetrada por los hermanos Coen, el relato de un músico sin futuro en el Nueva York de los años sesenta, no sólo es un estupendo musical, sino también una gran película. Una joya en la que sea o no sea el espectador amante de la música folk, se dejará llevar por sus letras y por la magnífica voz de un sensacional Oscar Isaac. El alma del film se ve vertebrada por las melodías, perfilando la tragicomedia existencial de Llewyn Davis. Ellas, y Ulises el gato, ese elemento que una vez encontrado, dicen los directores, acabó por darle sentido a todo; y es, además, el protagonista de dos de las escenas más inteligentemente rodadas (atención, pues, a la metáfora inherente en esa confluencia de formas).

A propósito de Llewyn Davis es, al fin y al cabo, la historia de un perdedor, de alguien que no es demasiado amable, aunque ninguno de los personajes lo sea realmente (eh ahí la  sobreactuadísima Carey Mulligan). Un anti-héroe que embauca poco a poco, quizá porque se ve así mismo distinto de cómo lo ve la sociedad, malviviendo entre sueños truncados y sofás prestados, sin sentar la cabeza, y siempre enfrentado al injusto abismo entre el talento y el éxito. Estos pequeños dramas de la vida son lugares donde nos reconocemos más fácilmente que en la esquiva felicidad, la cual suele presentarse como irreal cénit narrativo en muchas de las películas que han venido formulando nuestro imaginario.
Pero los Coen no pretenden subyugar a las masas, haciendo de esta película un cuento que sabe a cine clásico aunque con la vista en  las miserias actuales, macerado y servido con ternura y honestidad, pero sin indulgencia. Gran parte del éxito se debe, además, al cuidado envoltorio urbano y bohemio que rodea tanto al protagonista como a aquellos que le ofrecen un techo donde cobijar su guitarra. La fotogenia de la luz neoyorquina es encapsulada de forma mágica con la intención de transmitir el intrincado periplo de aquellos cantantes que narraban el folclore estadounidense antes de que el folk se encumbrase, navegando la vida no sin dificultad; vadeando los días perdidos en un bucle que al final solía forzarles a asumir las limitaciones de la vida (o a sufrir al revelarse contra ellas) y a elegir entre el arte y el dinero. Eh ahí el dilema.

lunes, 3 de febrero de 2014

Sus 5 mejores: Phillip Seymour Hoffman

Voy a intentar mencionar el terrible hecho de su muerte lo menos posible, porque cuando un actor de la valía de Phillip Seymour Hoffman se marcha, el deber ineludible de todo cinéfilo es el de celebrar su vida, sus películas y todos los momentos que regaló al cine. He decidido inaugurar estas sección en su honor y he decidido elegir cinco papeles que como Crítica Descalza que soy no sólo me gustaron mucho, sino que no son los más obvios (quitando The Master, quizá por ser más reciente); pero sí que representan no sólo su extraordinaria versatilidad, sino su potentísimo talento, su fuerza como intérprete y  su honestidad.
 
Misión imposible 32006
Nunca esta saga regaló un villano mejor.
 

Doubt -2008
Su tête a tête con la gran Meryl Streep le encumbró como otro grande.

 
Radio encubierta -2009
Su vena cómica en estado puro.

 
 
The master – 2012
Su feroz interpretación en constante contraste con la contención de su papel más premiado, Capote.

 
El último concierto – 2013
Un papel pequeño y humano dentro de una película pequeña y humana que pasó desapercibido pero donde de nuevo regala una interpretación excelente.

 

Crítica de Agosto: Catársis familiar.

Como rezaba el comienzo de esa novela tan famosa, todas las familias son parecidas en su felicidad, pero diferentes en sus miserias, y las de la contemporaneidad que nos ocupa son las más disfuncionales de todas. Principalmente porque los estallidos de furia que se escenifican en Agosto: Condado de Osage sólo pueden encontrarse en familias donde la elasticidad de la jerarquía moderna permite ahora que las hijas se revelen contra sus madres sin que el peso del régimen social les censure la palabra, el voto o la independencia.  Esta historia inscrita en las demenciales y calurosas planicies de Oklahoma, se centra en la herencia de un matriarcado de acero,  llevado a la pantalla mediante un tête a tête entre la poderosa y estratosférica Meryl Streep; y Julia Roberts, que sin maquillaje, adornos y postureo está no sólo más hermosa, sino mejor actriz que nunca.

Adaptación de un premiadísimo texto de Tracy Letts, que también firma el guión, Agosto es un ejercicio teatral mucho más interesante que aquel Dios Salvaje de Polanski el cual aún siendo corto, era bastante aburrido. Es posible que la narración caiga en lugares recurrentes, porque todas las familias, todos los dramas, todas las inmundas miserias humanas sí que acaban por parecerse también (dándole la vuelta a lo que decía Tolstoi en Anna Karenina), aunque lo hagan por razones distintas. Así pues, Agosto sostiene su drama en unos diálogos afiladísimos e inteligentes, dotados de una notable profundidad que acoge la problemática de la pertenencia a un determinado árbol genealógico y enmarca la idea principal: ¿queremos parecernos a nuestros padres? Un dilema que va creciendo y creciendo hasta convertirse en un arma de fuego, culminando en la desoladora epifanía del magnífico segmento final, que redondea el desenlace de esta crudísima fábula norte-americana.