miércoles, 5 de febrero de 2014

Recomendación cinéfila: A propósito de Llewyn Davis

Si algo hace de un buen musical un buen musical es que éste (aunque suene paradójico) llegue al espectador a pesar de su música. Y la nueva historia perpetrada por los hermanos Coen, el relato de un músico sin futuro en el Nueva York de los años sesenta, no sólo es un estupendo musical, sino también una gran película. Una joya en la que sea o no sea el espectador amante de la música folk, se dejará llevar por sus letras y por la magnífica voz de un sensacional Oscar Isaac. El alma del film se ve vertebrada por las melodías, perfilando la tragicomedia existencial de Llewyn Davis. Ellas, y Ulises el gato, ese elemento que una vez encontrado, dicen los directores, acabó por darle sentido a todo; y es, además, el protagonista de dos de las escenas más inteligentemente rodadas (atención, pues, a la metáfora inherente en esa confluencia de formas).

A propósito de Llewyn Davis es, al fin y al cabo, la historia de un perdedor, de alguien que no es demasiado amable, aunque ninguno de los personajes lo sea realmente (eh ahí la  sobreactuadísima Carey Mulligan). Un anti-héroe que embauca poco a poco, quizá porque se ve así mismo distinto de cómo lo ve la sociedad, malviviendo entre sueños truncados y sofás prestados, sin sentar la cabeza, y siempre enfrentado al injusto abismo entre el talento y el éxito. Estos pequeños dramas de la vida son lugares donde nos reconocemos más fácilmente que en la esquiva felicidad, la cual suele presentarse como irreal cénit narrativo en muchas de las películas que han venido formulando nuestro imaginario.
Pero los Coen no pretenden subyugar a las masas, haciendo de esta película un cuento que sabe a cine clásico aunque con la vista en  las miserias actuales, macerado y servido con ternura y honestidad, pero sin indulgencia. Gran parte del éxito se debe, además, al cuidado envoltorio urbano y bohemio que rodea tanto al protagonista como a aquellos que le ofrecen un techo donde cobijar su guitarra. La fotogenia de la luz neoyorquina es encapsulada de forma mágica con la intención de transmitir el intrincado periplo de aquellos cantantes que narraban el folclore estadounidense antes de que el folk se encumbrase, navegando la vida no sin dificultad; vadeando los días perdidos en un bucle que al final solía forzarles a asumir las limitaciones de la vida (o a sufrir al revelarse contra ellas) y a elegir entre el arte y el dinero. Eh ahí el dilema.

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