sábado, 26 de abril de 2014

Críticas 2x1: Frances Ha + Laurence Anyways.

Dándole vueltas a películas donde uno aprecia la empatía de los guiones porque apelan a realidades de los espectadores, a pesar de que el planteamiento inicial pueda parecer poco propicio a las comparaciones, me encontré pensando en dos joyitas que he visto recientemente. La primera aún está en cines: FRANCES HA, la última creación de Noah Baumbach protagonizada por la musa indie Greta Gerwig que también co-escribe el guión. La segunda es LAURENCE ANYWAYS, obra clave del realizador Xavier Dolan, y que este mes se puede disfrutar en el Cine Doré de Madrid en el contexto de la programación de la Filmoteca Española.

FRANCES HA es una película triste y vivaz a la vez, Frances Ha es una tragicomedia sobre la vida corriente. Frances Ha habla sobre la crisis de identidad que supone crecer, madurar y luchar por obtener la vida que queremos.  Frances Ha habla sobre la cotidianidad que habitamos y nos sumerge entre los blancos y negros de un NY decadente,  que destapa el postureo de la juventud y la dificultad de alcanzar una independencia liberadora, porque Frances Ha también es una metáfora de los claro-oscuros urbanos. Pero sobre todo, Frances Ha es una historia sobre la amistad entre dos mujeres perdidas en la incongruencia de un mundo, donde tu vida está predicha por unas ecuaciones donde es difícil encontrar tu propio lugar.  Pocas veces el mumblecore ha tenido tanto sentido.
 

LAURENCE ANYWAYS es una historia de amor. Estéticamente inteligente, sobrecogedoramente poética y emocionalmente arrolladora, su impacto cinematográfico es indudable. La banda sonora es una profusión auditiva de sentimientos internos acorde con una época donde la moda parecía hacer posible llevar el alma cosida sobre la piel y, sin embargo, la sociedad de entonces (y la de ahora) no era capaz de aceptar que hay quienes no se sienten a gusto dentro de su propio cuerpo y tienen el derecho y la necesidad de mudar dicha piel hasta reconocerse en el espejo. El acierto del film es vertebrar la narración en dos personajes brillantes y en los lazos que les arrastran hacia las mayores heroicidades y los errores más trágicos, preguntándose constantemente sobre el proceso de identidad de todos nosotros y de a cuánto estamos dispuestos a renunciar por ser quienes verdaderamente somos.  

viernes, 18 de abril de 2014

Cannes 2014: películas a competición.

¡Marcello! Cannes 2014 rinde este año homenaje al gran actor italiano de la Dolce Vitta Marcello Mastroiani en este precioso cartel. ¿No es Cannes híper decadente? Sin duda es parte de su encanto, este festival nos recuerda que el cine aún puede tener glamour y misterio sin photoshop, todo lo contrario de lo que ocurre en los Oscar. Y es que lo que pasa en Cannes se queda en Cannes. Hablando de esto, parece que finalmente Angelina Jolie no presentará allí su Maleficent el próximo mes de mayo, por lo que no habrá un momento Brad Pitt; pero no alarmarse: Ryan Gosling sí paseará palmito por la Croisette presentando en la categoría Un certain regard su debut en la dirección: Lost River. Otros actores como Asia Argento, Mathieu Amalric o Tommy Lee Jones también promocionarán sus propuestas, aunque él último lo haga en la sección oficial, al igual que Olivier Dahan y su Grace de Mónaco interpretada por Nikole Kidman; los hermanos Dardenne (Deux jours); Xavier Dolan (Mommy), Atom Egoyan (Captives), Jean Luc-Godard (Adieu a language); o Michel Hazanavicius que presenta The search, su nuevo proyecto tras The Artist. También los británicos Ken Loach y Mike Leigh optarán al premio con Jimmy´s hall y Mr. Turner; al igual que Bennet Miller con Foxcatcher (que incluye en su elenco a Channing Tatum, Steve Carell y Mark Ruffalo); y las dos películas cuyos lánguidos protagonistas levantaran más morbo extra-cinematográfico en la alfombra roja: Map to the stars de David Cronemberg (con Robert Pattinson y Mia Wasikowska) y Sils Maria de Oliver Assayas (capitaneada por Kristen Stewart). Este año, la presidenta del jurado es la directora neozelandesa Jane Campion, quien conoce bien el festival y ganó, en 1993, la palma de oro a la mejor película por El piano y había recogido el mismo premio, años atrás, por su cortometraje Peel (1986). Precisamente en ese apartado, el del cortometraje, el iraní Abbas Kiarostami será presidente del jurado; y el español Pablo Trapero lo será, a su vez, de la sección Un certain regard. Ah, ya se puede sentir en el ambiente el aroma del verano, y el tiempo estival siempre trae, tras los Oscar, nuevos festivales mientras el mundillo cinematográfico se regenera y las nuevas propuestas salen a la luz para disfrutar del sol y el glamour. A partir del 14 de mayo…. ¡Que empiece el 67 Festival de Cannes!

 

 

martes, 15 de abril de 2014

Decepción cinéfila: Noé.

Decía Darren Aronofsky en una reciente entrevista que había querido buscar una mitología propia y había intentado crear su “Tierra Media”. Sin embargo, este Noé es un perfecto ejemplo de falta de coherencia cinematográfica, esto es, que todo film (debería) no traicionarse así mismo. Cuando Peter Jackson desplegó presupuesto e ingenio para crear su trilogía de los Anillos, supo encontrar un leitmotiv en su forma de entender el universo ficticio de Tolkien y lo recreó acorde con esa idea concreta. Es cierto que un film basado en los relatos bíblicos puede ser entendido, también, como una ficción visual sobre otra ficción, pero seamos sinceros, el diluvio universal no se contextualiza en un mapa élfico. Así pues, existen dos opciones: o bien se abraza la deriva mística con todas sus consecuencias, o se apuesta por la visión historicista, por la que hay que evitar a toda costa las incongruencias más allá de las licencias cinematográficas (ya sabemos que esto no es el History Channel). Sin embargo, en Noé los anacronismos se amontonan, mientras la interpretación religiosa mezcla la revolución industrial con las “huestes” de Caín en un desvarío inconsistente, que se cae por su propio peso por unos agujeros del tamaño del mismo Arca.  Y es que Aronofsky ha querido contener en un solo vaso una propuesta de acción con un aleccionamiento moral y sin duda lo que ha generado es un desbordamiento de proporciones bíblicas, que queda resumido en la condescendencia de sus planteamientos y la imposibilidad de sus arreglos contextuales que alcanzan su cénit en las ciudades post-apocalípticas, las máscaras de soldador Mad-Maxianas y los pantalones rematados.
 

Al proyecto le falta verosimilitud y echa por tierra las raíces de esta reinterpretación que quiere ser arte y ensayo para las masas y no funciona a ningún nivel.  Leí en Vanity Fair que Emma Watson era – secretamente – la auténtica protagonista. Yo no iré tan lejos, más allá de subrayar la inteligente forma en la que está conduciendo su carrera; pero sí que coincidiré en que su personaje (o el de Jennifer Connelly) es tremendamente más interesante que el del mismo Russell Crowe. Y es que de entre el maremágnum de decisiones fallidas, puede que el único discurso de interés en Noé haya sido – precisamente - el de sobreponer a las figuras femeninas por encima de las necesidades lúbricas de las que son objeto, pues se configuran – sin lugar a dudas - como los personajes más inteligentes y empáticos en un cuarteto de masculinidades desbordadas.  Al lado de esta visión femenina, se amontonan los subtextos que – supuestamente - conforman la base intelectual de este Noé hiper-sensible, es decir: la apuesta por un mundo sostenible en equilibrio con la naturaleza, y una crítica al avance industrial y a la proliferación de armamento. No obstante, estas son sólo las ideas que al bueno de Aronofsky le hubiera gustado tratar, porque la realidad, como el diluvio, no deja títere con cabeza. Yo me pregunto como un tío inteligente como él ha sido capaz de perpetrar un panfleto vegano (que no ecológico), de pacifismo naïve y lleno hasta el borde de metáforas obvias de blando trasfondo; manufacturando una grandiosidad hiperbolizada lista para un público al que infravalora. Y es que la aparición de pantalones y armaduras medievales puede que sea la mayor obviedad del film, pero su mayor fracaso es no ser capaz de componer un retrato de sutilidades, su talón de Aquiles ha sido la magnitud de un proyecto para el que Aronofsky no ha dado la talla.

Lo que más decepciona es la falta de seriedad de director y guionista (Ari Handel) respecto a su propia propuesta. Sin duda, han querido transmitir un mensaje contemporáneo mediante la espiritualidad de un relato religioso, y yo iba preparada para lo que Aronofsky y Dios quisieran ofrecerme, pero me ha desalentado profundamente que alguien que ha venido desplegando tacto y detalle para contar buenas historias, haya sido capaz de construir un film donde las obviedades de un guión de serie B, los fallos técnicos y las decisiones artísticas desafortunadas echan por tierra lo que podría haber sido una reinterpretación cinematográfica nada desdeñable. Sólo se salva el cast, desaprovechadísimo, e Islandia, cuyos paisajes nutren de parábola visual a un drama bíblico que se torna en un Shakespeare mal entendido; provocando la risa estupefaccionada en vez de la sensibilización mística. Al cabo, donde queden Ben-Hur y Los 10 mandamientos, que se quiten el CGI y el postureo moralista, por lo menos las de Charlton Heston no engañaban a nadie.