viernes, 29 de noviembre de 2013

Película del mes: En llamas.

La tendencia popular ha sido la de favorecer esta nueva entrega de la saga de los Juegos del Hambre, dirigida por Francis Lawrence (Soy Leyenda, Agua para elefantes), por encima de la previa, facturada por Gary Ross. Ciertamente, En Llamas gana la partida (una buena noticia para las menospreciadas secuelas) y Lawrence se postula oficialmente como director de las dos partes de Sinsajo. No obstante, esta segunda parte, un inteligente drama que cuenta con una hora de acción ininterrumpida de regalo, cuenta también con dos ventajas importantes. Por un lado, puede permitirse el lujo de oscurecer y ampliar sus tramas sin llegar a ser tan deprimente como lo serán las futuras entregas, y por otro, es sin dificultades un film mucho más complejo que su predecesor. Ambos aspectos poco o nada tienen que ver con el buen hacer del director o del equipo técnico, sino que provienen directamente de los libros.
 
En Llamas, la novela, es mucho más cinematográfica que Los Juegos del hambre, perfecta (aunque no sin retos) para ser llevada a la pantalla y en ella se desarrollan muchas más líneas argumentales que un único bosque de abetos como espacio de despiadada matanza colectiva. Esa es la razón de que el impacto de En Llamas sea mayor, no mejor. Y es que, con todo, no hay que olvidar que ambos guiones han sido co-escritos por la propia Suzanne Collins y a pesar de ello la adaptación de Ross (naturalista, dinámica y con una omnipresente cámara en mano) dejó importantes vacíos narrativos que han sido subsanados con más astucia por Lawrence. Éste ha dotado a la cinta, desde esa magistral escena inaugural de la Katnis arquera, de un carácter propio; jugando con nuevas lentes, más expansivas y principalmente con una fotografía nítida, brillante y de tintes azulados que sintetiza mejor la tensión, el dramatismo y la sangre fría de su protagonista, envuelta en una trama definitivamente más desafiante.


Además, la narración imponía un planteamiento doble para contar la historia, esto es la dicotomía espacial entre el antes y el durante de los Juegos, donde la estabilidad de la cámara y el uso panorámico Imax permiten que la plasticidad de la arena sea en este segundo film mucho menos intimista en una apuesta por la acción prolongada, extraordinariamente comprimida en 60 minutos de metraje adrenalítico con espacio para la interrelación personal. Y es que En Llamas no es una aventura en solitario, sino un juego de alianzas que se contrapone a la desconfianza de la protagonista. Katniss Everdeen no es, a fin de cuentas, ni una heroína, ni una líder, sino una superviviente a todos los niveles. Incluso en el amor, un tema que se baraja de forma desigual sin poder impedir, a pesar de la sensibilidad con que ha sido rodado, la obsesión comercial de los estudios por vender triángulos amorosos en una historia donde la practicidad siempre ganará la partida. Jennifer Lawrence está brillante, demostrando su versatilidad en comedia y drama, rodeada de un cast tan variado como bien elegido (Sam Claflin, Jena Malone) cuya epopeya cinematográfica se ve coronada por un final tan extendido y melodramatizado (en una editable escena de excesiva y autoindulgente metáfora) que sería digno de Peter Jackson y su pasión por los desenlaces múltiples y amontonados, como sin saber dónde poner el punto y final. Aún así, el éxito generalizado de este film es tan merecido como bien escogida la canción de Coldplay, Atlas, para adornar los créditos.
 
 
 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Dedicado a: tom Hiddleston.

Que Tom Hiddleston se ama es una verdad lapidaria y archiconocida tan evidente como su espléndido acento inglés. Tom se ama, y mucho. Por eso su inagotable self-appeal y sus dotes para venderse y dejarse querer por sus fans son sus mejores armas. Puede que Tom lleve una camiseta que rece “I love Chris Hemsworth” pero su Loki viene dejando al soso cachazas de Thor mordiendo el polvo. Hiddleston, que se ganó el papel del hermanastro irónico y manipulador del Dios del trueno gracias a su excelente relación con Keneth Branagh, con quien trabajó en la serie Wallander, ha sabido explotar el enorme cariño que el mundo friki le ha dedicado al personaje y durante la promoción de Thor: El mundo oscuro ha sabido sacar a la luz todo su potencial como show-man. Desde su charla en el Nerd HQ y su aparición en el pasada Comic Con, pasando por su muy activa cuenta de Twitter y llegando hasta ese baile frente a las hordas de fans niponas.

Hiddleston ha demostrado que tener una poderosa autoestima es clave para hacer de esa faceta pública del actor un punto de soporte para sus excelentes trabajos en cine y televisión. Ha trabajado con Spielberg (War Horse) o Woody Allen (Midnight in Paris); demostró en esa delicia dramática que es The Deep Blue Sea(no la de los tiburones asesinos, claro) que podía enamorar a Rachel Weisz hasta la locura y en la más reciente producción de la BBC, The Hollow Crown, se vistió de rey inglés entrando a formar parte de ese selecto grupo de actores británicos que saben que los period drama tienen tanta relevancia en su país natal como los blockbuster a nivel mundial. De hecho, sus primeros pinitos ya los hizo rodeado de viejas glorias en Regreso a Cranford. Con todo, la realidad es que nadie se merecía más (¿quizá Jennifer Lawrence?) inaugurar esta sección de “Dedicado a” porque si hay algo que da solidez a un actor es que sepa comportarse con la misma elegancia delante y detrás de la pantalla y Tom Hiddleston es, a día de hoy, no sólo el mejor representante de sus películas, sino posiblemente el equivalente masculino de la gloriosa (y algo excéntrica) Emma Thompson. Y es que Loki sabe como conquistar el corazón de su público.
 

 

 

 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Película del mes: Thor. El mundo oscuro.

Cuatro Bodas y un Funeral institucionalizó como inevitable recurso cómico a ese grupo de secundarios de lujo que elevaban el tono del film y aportaban solidez a las historias normalmente protagonizadas por personajes mucho menos interesantes a la larga (Notting Hill, por ejemplo). Desde entonces se ha venido repitiendo esta fórmula con más o menos acierto y no sólo en films cómicos, si bien siempre como recurso para aliviar presión. Existen infinidad de películas de acción que recurren al humor para tomarse un poco menos en serio, pero no hay tantas donde se utilice a ese grupo de secundarios ideado para sobrellevar, como ocurre en el caso de Thor, la sosería innata de su protagonista. Y es que, si esta película funciona, se debe principalmente a todo aquello que no es Thor; y sobre todo al grupo de secundarios (Dennings, Skarsgard) encabezados por Loki, la auténtica estrella incluso cuando sólo aparece en el 40% del metraje.

La segunda razón es que en esta Saga de dioses nórdicos han sabido perfeccionar el balance entre carga mitológica y escenarios de fantasía con el contacto terrestre. Y para deleite del espectador (que ya se ha sentado en la butaca precedido por el tráiler de La Desolación de Smaug) Asgard tiene en esta segunda parte más protagonismo, añadiendo y dando forma a otros mundos y alejándose de la manida confrontación para salvar a la humanidad. Y es que la gran ventaja de Thor como parte del universo Marvel (a pesar de haberse perpetrado como hermana pequeña de Iron Man o Capitán América) es que no necesita recurrir a escenarios que ya pertenecen a Los Vengadores y puede escapar a esos otros ocho reinos que le quedan para expandir su historia dinamizando el conjunto.
No se echa de menos la mano de Keneth Branagh, aunque obviamente se recogen sus frutos muy a pesar de que la majestuosidad retenida sí haya perdido algo de la base shakesperiana que envolvía el film previo. Aún ahondando en las relaciones familires, esta vez el argumento camina un paso más lejos en el proceso de autodescubrimiento de Thor y su martillo, siguiendo la línea de los supehéroes en este siglo XXI que les aclama. Natalie Portman mantiene su reto de presentarse como heroína (que no acompañante) y endulza la mirada del héroe donde Tom Hiddleston pone la pimienta. A la postre, con apariciones estelares y villanos élficos para terminar de redondear el espectáculo, el Mundo Oscuro complace al neófito y enardece al fan. Habrá tercera parte.
Y escena post-créditos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Música de cine: El Hobbit: La Desolación de Smaug + Ed Sheeran.

A lo largo de las tres películas del Señor de los Anillos, además de la excelente partitura musical de Howard Shore, han discurrido las voces de Enya, Hilary Summers o Annie Lenox, normalmente dedicadas a poner melodía a los créditos. Algo que, en palabras de Peter Jackson es ya una tradición. Para El Hobbit: Un viaje inesperado se escogió al cantante Neill Finn para  la canción de los enanos Song of the lonely mountain. Y para la segunda parte de esta nueva trilogía, Jackson, bajo recomendación de su hija, ha contado con Ed Sheeran para componer la canción de los créditos de La Desolación de Smaug. Tal y como explica Jackson a través de su página de Facebook, contactó con Sheeran cuando estaba de gira en Wellington y se intercambiaron los emails. Un tiempo después, pensando en cómo aproximarse al tema que había de resumir la película volvieron a pensar en Sheeran que tomó un avión a Nueva Zelanda, vió la película entera y a continuación, ese mismo día, se volcó en componer la letra y música de I See Fire. La canción es verdaderamente espectacular y la elección de Sheeran, que tiene una voz excelente y es un gran compositor, sin duda muy acertada. Os dejo dos enlaces, por un lado el de el Facebook de Peter Jackson. y por otro el de la canción editada tal y como se escuchará en la película. Ya queda muy poco para ver la segunda parte de El Hobbit, que se estrena este próximo mes de diciembre.
 
                         

martes, 5 de noviembre de 2013

Película Oculta: Breaking and entering

Breaking and Entering, que es como se define en inglés el delito de introducirse ilegalmente en una propiedad privada, se basa en un guión de Anthony Minghella que estuvo diez años cogiendo polvo hasta que él mismo acabó por dirigirla. Sería su último film, puesto que desgraciadamente falleció antes de tener tiempo para continuar su interesantísima carrera. Minghella relató siempre las relaciones humanas como lazos que unimos nosotros mismos, enredándonos en ellos y colgándonos sobre el vacío durante el tiempo necesario para aniquilar nuestras pasiones voraces. Cold Mountain o su título más conocido, El Paciente Inglés, son viva prueba de ello. Con este film, el director regresa a ambientes más contemporáneos como ya hiciera en sus comienzos con Truly Madly Deeply.

Planteando la dicotomía de dos mundos bipolares, uno de diseño, amable y dibujado para asistir las necesidades estéticas y la comodidad de sus habitantes; otro la viva imagen del Londres urbano, de barrios de cemento para familias de baja renta; el film reconstruye un retrato social de las inseguridades modernas. La historia de un arquitecto y una modista, cuyas líneas se cruzan debido a un robo; son las dos puntas de aguja de un tejido del  que emergen una mujer depresiva y un hijo conflictivo. Todos confluyen presos en la lucha interna que se produce entre lo que se desea y lo que se posee. En ese tránsito, las personas que se quieren van alejándose irremediablemente los unos de los otros.

Minguella contrapone dos universos de necesidades distintas: mientras hay quien se conforma con ser razonablemente feliz, frase cáustica de la contemporaneidad; otros lo hacen tocando un piano sin teclas olvidando que lo necesario es "poner el alma y la cabeza" en las vidas originales. En la fría sociedad actual donde se maquillan y embellecen los edificios dispares para ocultar la veracidad interna de las personas conviven dos realidades. La de una madre (Juliet Binoche) devota en el amor hacia su hijo y empequeñecida por la ausencia, la soledad y el desarraigo del contexto inmigrante de quienes abandona su hogar en tremendas circunstancias y sobreviven en la realidad inglesa descuartizados por dos identidades y las salidas fáciles de finales difíciles que éstas conllevan. Y la de un hombre (Jude Law) incapaz de subsanar las heridas de un matrimonio cuya brecha de separación se va haciendo más y más grande, pendiendo en un silencio sentimental que no le permite alcanzar a una mujer (Robin Wright) perdida en el vacío depresivo de la inquietud interna.

Minguella, en un cruce de palabras siempre cargado de significado, compone una realidad fracturada y expone los andamios de su proceso de reconstrucción. De nuevo evoca el amor como el impulso destructivo y sanador a un mismo tiempo y refleja las angustias (moderadas pero presentes) en el mundo actual, donde la escala de grises que refleja física y contextualmente la película representa la variedad del drama cotidiano por encima del catastrofismo dramático de otros de sus trabajos. Es este un film poco conocido pero extremadamente recomendable, sobre todo si se degusta junto a Closer, ese otro retrato íntimo de Mike Nichols.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Película oculta: Camino a la libertad.

Hay una lección de Historia que nunca ha llegado a calar realmente y es la de que ni Lenin ni mucho menos Stalin fueron santos, por mucho que el primero cincelara la hoz y el martillo a fuego en el imaginario colectivo de la vivacidad comunista. Pero sobre todo, lo que más enardece las furias de la memoria es la moda de llevar el comunismo en la camiseta igual que se luce al Che Guevara: con desconocimiento de causa. Y es que más allá de los ríos de tinta ideológicos la realidad Estalinista sembró Siberia de campos de concentración para matar con la perseverancia del tiempo y los trabajos forzados a todos los enemigos del estado. En ese sentido es de agradecer que el comienzo de Camino a la Libertad, traducción sensiblera de The Way Back (el camino de vuelta), presente uno de estos Gulags tal y como suelen filmarse los campos nazis. Y es que no se trata aquí de dibujar analogías genéricas ni simplistas (los nazis sistematizaron la muerte étnica y Stalin promulgo el éxodo social y la pena política como muchos otros regímenes) pero sí recalcar que las realidades de las dictaduras, desgraciadamente, pertenecen a todos los colores y bandos. Porque el egoísmo psicopático del hombre carece de ideología y pertenece a todas a la vez.

Dirigida por Peter Weir (El club de los poetas muertos, Master and Commander) este film es, en efecto, un largo camino hacia la libertad, eso es cierto. Y es un camino (como nos gusta ver y les gusta vender) inspirado en hechos reales. Sustentado sobre la interacción humana con los elementos, el grupo protagonista queda perfilado más que narrado, en contraste con la vastedad de los escenarios donde sitúa la pequeñez del hombre en su conquista. El bosque, el desierto. La gelidez de la estepa y la sed de las dunas coronan la dicotomía de esta carrera de posiciones donde los personajes se enlazan cuerpo a cuerpo por la supervivencia y prueban una vez más la voracidad del ser humano por la vida aún en las más descorazonadoras situaciones. Sin duda Weir ha perdido algo de cuerda al atar demasiados nudos de su guión en torno a la sucesión de escenarios, como las pruebas de un capítulo de Pekín Express rodado por el National Geographic. No obstante, la metáfora infinita de la andadura como proceso de redención, como promesa de libertad y como medidor cronológico de las desavenencias del mundo consigo mismo contiene la misma belleza que todas esas cadentes imágenes de belleza paisajística. Y es que frente a los horrores del hombre existe el cobijo de la naturaleza, arma de doble filo que promociona incansablemente la necesidad de hacer obligatorio un curso de supervivencia en la montaña ante ese “por si acaso” que tarde o temprano llegará sin tenemos en cuenta el torrente distópico que nos inunda últimamente.
En última instancia, lo cierto es que Camino a la Libertad es hermosa. Conoce sus defectos y los hace enmudecer, como esas palabras cuyo final y principio están intactos de forma que el lector no se da cuenta de que las dos letras del medio no pertenecen a ese lugar. Saoirse Ronan aparece de refilón pero con los años, y sólo tiene veinte-pocos, está consiguiendo cimentar una solvente carrera que al estupendo Jim Sturgess parece rehuirle. A su lado, Ed Harris grita por un nuevo papel protagonista que reconozca la plenitud de su madurez. Los tres engarzan una historia tejida con el mimo de un director que ha hecho un poco siempre lo que ha querido con grandes resultados a pesar de que su nombre no sea tan conocido entre las nuevas juventudes de este planeta. Un poco como ocurre con la historia, tan infravalorada como recurrente en su andadura.
 

Recomendación cinéfila: Una cuestión de tiempo.

Resulta difícil encontrar comedias románticas hoy en día que sean capaces de equilibrar su carga de almíbar, sus escenarios de comicidad y su trama sin resultar tópicas, típicas y rosas. Por todas estas razones, que hoy sea viernes 18 de octubre es una gran noticia, ya que se estrena Una cuestión de tiempo, del director Richard Curtis, quien ya actuó como productor en la espléndida e hilarante Cuatro Bodas y un Funeral y se pasó al largo con la archiconocida Love Actually, parte indiscutible del imaginario popular.

Así, en esta comedia (que no lo es del todo), Domhall Gleeson, (quien lo mismo se viste de época para Anna Karenina como de brujo en Harry Potter) accede a su vena cómica interpretando al personaje cuya vida sirve como leitmotiv de una historia tan surreal (todos los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo cumplidos los 21 años) como tierna. Rachel McAdams es su partenaire aunque a pesar de que esta sí es una historia de amor, no es sólo un romance. La película entabla, alrededor de una idea original, una serie de situaciones tragicómicas y personajes algo disfuncionales, una conversación intensa, lúcida y empática sobre las razones que nos impulsan a vivir y las personas con las que tenemos la suerte o el acierto de pasar ese tiempo y la lección bien aprendida de que hay que tomar las riendas de nuestro propio destino y comenzar a apreciar los pequeños detalles que conforman nuestro día a día.

Si bien peca de alargarse, no lo hace innecesariamente, porque la narración, con sus idas y venidas constantes, está atada con cuerda flexible y su centro gravitacional siempre vuelve al auténtico núcleo de esta historia, que es la relación, magníficamente bien contada, entre el padre (Bill Nighy) y el hijo viajeros. Además, para todos aquellos amantes del retrato inglés más kitch el film regala los preciosos escenarios de Cornualles y muestra una forma de vida, que sin bien raya en la utopía contemporánea, se hace creíble porque envuelve como un útero materno todas estas historias sobre la familia, la amistad y el amor conyugal narradas sin concesiones al momento romántico. Una nueva pequeña joyita del cine inglés que ofrece mucho más de lo que da a entender.

Decepción cinéfila: El mayordomo.

"Tú te consideras un hombre de color y yo sólo un hombre" con esta frase Sidney Poitier certificaba la verdad sobre el abismo generacional entre padres e hijos en la América de los sesenta. Adivina quién viene esta noche era capaz de dirimir, con un cast reducido, una puesta en escena casi teatral y en el espacio de una noche, lo que a El Mayordomo le cuesta una infinita lista de actores de renombre, una línea cronológica que abarca casi un siglo y un envoltorio de regalo en forma de Casa Blanca (anótese la paradoja nominativa). Lo cierto es que Lee Daniels, el director de esa durísima cinta llamada Precious que tanto revuelo causó en la temporada de premios de hace unos tres años no consigue, con esta cinta protagonizada por el siempre excelente Forest Whitaker, alcanzar el éxito cosechado por su anterior obra, que le alzó como prometedor cineasta y que es la única razón de que todos esos actores y actrices se hayan sumado a este vacío retrato sobre todas las problemáticas habidas y por haber en relación al drama racial norteamericano.

Pero el auténtico drama de este film, entretenido y medianamente bien facturado, es que si bien la historia que cuenta parte de una idea interesantísima (la figura de un afroamericano sirviendo como mayordomo en el Ala Oeste), Daniels ha carecido de la suficiente astucia cinematográfica para dotar de auténtica intensidad a un guión flojo, inspirado en el artículo del Washington Post "A butler well served by this election" que en términos generales queda reducido a una sucesión centesimal de presidentes y a la relación entre un padre y un hijo como leitmotiv para contar varios incidentes claves en el convulso cenit de la lucha por los derechos civiles. El problema es que, además, acabe por ser mucho más interesante la vida del vástago que la del padre, supuesto protagonista en su viaje de auto-comprensión interna para transformarse - precisamente- de hombre de color en -sencillamente- hombre.

La cinta, que no es capaz de controlar el ritmo, intentando nivelar vacíos de narración con detalles personales de esa familia retrato forzado de todos los matices de su generación, tiene como uno de sus contados aciertos el uso metafórico de los dos escenarios principales, esto es, el despacho oval y el profundo sur, como recurso visual que adentre al espectador en la desastrosa hipocresía de unos estados Unidos en pleno proceso de regurgitación de sus doscientos años de apartheid. No obstante, visualmente es un film inapetente que en otras manos podría haberse visto dotado de una identidad que fuera más allá de los recursos sensibleros típicos de un telefilm de tarde. Sobre todo, teniendo en cuenta que a pesar de su innegable éxito de taquilla, sus pretensiones de nominaciones para premios (que las habrá) rivalizan este año con dos potentísimas versiones de la cruzada negra, como "12 años de esclavitud" o "Mandela". Es por tanto este acercamiento a un hecho desconocido para el gran público, la de todos esos hombres de color tan cercanos a los elementos de poder de un país que los despreciaba, poco más que una película amable que ofrece menos de lo que promete pero que no puede desecharse, aunque sí consumirse como lo que es, un acercamiento desigual y poco lúcido a un terrible periodo de la historia mil veces contado aunque no siempre de la misma forma.

Película del mes: Gravity

Más allá de las preferencias individuales, Gravity es desde ya un hito del cine actual. Éste hecho irrebatible se lo debemos a la maestría técnica y visual de Alfonso Cuarón en el larguísimo plano secuencia que abre el film. Decir más sería espoilear la experiencia para aquellos insensatos que aún se resistan (con 3D o sin él) a ver este drama espacial tan adrenalítico como sosegado.

Y es que desde el primer segundo, literalmente, el espectador es transportado a la inmensidad y la majestuosidad del universo con una potencia visual evocadora y naturalista reflejada en armoniosas escenas contemplativas de la Tierra. Captando la emoción que supone observar toda esa grandeza y a la vez recordándonos constantemente que estamos fuera de ella, como espectadores de una gran obra maestra. Transita, además, por los periodos de inquietud con un pulso acelerado e irreversiblemente vinculado a la destreza de Cuarón (director, co-guionista y co-montador) para sumergirnos en el aterrador silencio donde habitan las estrellas y las estaciones espaciales, como basura industrial de un colonizador descuidado. El film nos asoma con inteligentísimas escenas de acción a lo vertiginoso del espacio, un vacío en el que el espectador cae por primera vez como nunca lo había hecho antes.

James Cameron (como inteligente productor de la cinta) ha dicho que Gravity es la mejor película del espacio hasta la fecha. Esto puede ser rebatido (¿2001 Una odisea en el espacio?), pero su belleza es innegable. Igual que su pulso narrativo, que mantiene al espectador al borde del abismo y consigue que no nos importe el destino del viaje, sino el viaje en sí mismo. Es esta una película cuyo engranaje es eminentemente cinematográfico y que pretende acelerar el corazón y ralentizarlo a fuerza de tiempos medidos, y técnica. Un cine donde prima la imagen frente al diálogo y aún así es capaz de contar una historia. Consigue emocionar a pesar de poder recurrir a pocas herramientas, y sabe explotar sus contados escenarios con maestría. No apuesta por un hábitat inmersivo, casi claustrofóbico, como el de Apolo 13, sino por la vastedad agorafóbica del espacio y en un acto de genialidad, Cuaron ha sido capaz de transmitir de forma constante un desasosegante vértigo imposible de sentir en un espacio donde no se puede caer. Tampoco se somete a todos los clichés del thriller espacial, como ocurría en Sunshine (Danny Boyle), aunque sí se acoge al poder hipnótico de las imágenes, de un realismo que deja sin aliento. Y se recrea en otros planos de intimidad y poderoso silencio, como esa metáfora fílmica del útero materno donde el personaje de Sandra Bullock puede sentirse a salvo.

Así, resulta casi decepcionante pensar que Bullock se llevó la estatuilla dorada por una película tan indiferente y blandita como The Blind Side, lo que la deja fuera de la quiniela de ganadoras de los próximos Oscar con este papel, mucho más a la altura de sus desaprovechadas posibilidades dramáticas. Clooney, por su parte, ha sido la mejor elección para un papel amortizadísimo e hilarante, y es que el tío George siempre llega a la fiesta en el mejor momento. Cuaron y co. pueden sin duda sentirse orgullosos de haber construido desde los cimientos de un guión propio, un film de tan altísima calidad y que, indiscutiblemente, tiene que verse en una poderosa y enorme pantalla cinematográfica.

PD - Comentar que el excelente uso del plano secuencia no es novedad en las películas de Cuaron, sin ir más lejos, en Hijos de los Hombres usa este recurso varias veces y siempre con excelentes resultados.

Cine de otoño.

Si vives en Madrid y abres la ventana este fin de semana tendrás la inconfundible certeza de que el otoño ha llegado. Al menos, por el momento. Y si hay algo que siempre trae el otoño, es una nueva remesa de películas y series que hay que tener en cuenta. No se puede decir que éste haya sido el peor verano de todos los tiempos, ni mucho menos, pero no hay nada como esos meses previos a los Oscar y los Globos de Oro cuando la crême de la crême aparece. Y, ya pasados los Emmy con la esperada victoria de la excelente Breaking Bad, también, con la llegada de octubre, la parilla televisiva re-florece para alegría general (Homeland, Downton Abbey, Once Upon a Time).

Hablando de películas, ya están en cartelera Rush de Ron Howard, La Gran Familia Española, que está rompiendo taquillas a lo grande, y este próximo día 4 de octubre se estrena el esperadísimo último trabajo de Alfonso Cuaron, Gravity, donde (dicen quienes ya la han visto) Sandra Bullock está estupenda (una pena que el Oscar ya se lo llevase por la blandísima The Blind Side). También está en las pantallas la francesa Audrey Tatou y por partida doble, con Therese por un lado y acompañada de Romain Duris en lo nuevo de Michel Gondry: La espuma de los días, por otro. También Las Brujas de Zugarramurdi de Alex de la Iglesia (cuyo tráiler no habrá decepcionado un ápice a sus fans), Jobs con Ashton Kutcher en el papel del creador de Apple (en su primer papel serio en bastante tiempo), 2 guns con Denzel Washington y Mark Whalberg que hace también doblete con Dolor y Dinero; y otros títulos que ya llevan varias semanas a disposición de los espectadores como Mud (el primer papel, de muchos por venir, donde Mathew McConaughey pide a gritos una nominación) y Cruce de Caminos, esa desigual y larguísima creación de Derek Cianfrance que repite con Ryan Gosling tras Blue Valentine.

Ahora bien, la lista de lo que viene es larga y con grandes títulos. Los Oscar de este año van a estar bien reñidos. No obstante, de entre dichos títulos tan prometedores, hay algunos que pueden acabar siendo un "quiero y no puedo". En esta categoría podríamos incluir a El mayordomo (4 oct) lo nuevo de Lee Daniels (Precious); Runner Runner (4 oct) con Justin Timberlake y el "nuevo Batman" Ben Affleck; Capitán Phillips (18 oct) cuyo protagonista es Tom Hanks casi exclusivamente; El quinto poder (18 oct) con el sherlockiano Benedict Cumberbatch en este biopic sobre Julian Assange; Sólo Dios perdona (1 nov) con Ryan Gosling y que salió algo vapuleada en Cannes; Old Boy (13 dic) remake dirigido por el casi desaparecido Spike Lee; o Jack Ryan (20 dic) reboot con Chris Pine y dirigido por Keneth Branagh. Eso sí, como todo en la vida, no hay que fiarse de las apariencias al cien por cien; puede que algunos de estos films, después de todo, ¡acaben por sorprendernos positivamente!

La otra lista, la de aciertos casi seguros, está encabezada por la citada Gravity (4 oct); la española Canibal (11 oct) con Antonio de la Torre; Prisioneros (11 oct) thriller con Hugh Jackman y Jake Gyllenhaa; The Bling Ring (11 oct) de Sofia Coppola; la esperadísima y alabadísima La vida de Adele (25 oct); el debut en la dirección de Joseph Gordon-Levitt: Don Jon (25 oct); Thor: El mundo oscuro (31 oct); La cabaña en el bosque (8 nov) escrita por Joss Whedon (Los Vengadores) y estrenada, al fin, con un año de retraso; la adaptación del clásico de ciencia ficción: El juego de Ender (8 nov) con un renovado Harrison Ford; el último éxito estadounidense de Woody Allen: Blue Jasmin (15 nov); El consejero (29 nov) con Michael Fassbender, Javier Bardem y Cameron Diaz; El hobbit: la desolación de Smaug (13 dic); la nueva adaptación de la novela de Stephen King: Carrie (5 dic). Y el film más esperado en relación a su cast, director e historia: 12 años de esclavitud (13 dic) con Michael Fassbender, Chiwetel Ejiofor, Benedict Cumberbatch o Brad Pitt y dirigida por Steve Mcqueen (Hunger, Shame). También la hilarante ficción animada Lluvia de albóndigas 2 (20 dic), y finalmente uno de los mayores éxitos pronosticados para el nuevo año cinematográfico: Los juegos del hambre. En llamas (22 nov), que estrena nuevo director, Francis Lawrence, pero mantiene a su gran estrella: Jennifer Lawrence.

Recomendación cinéfila y Película del mes: Pacific Rim

Voy a intentar ser lo más objetiva posible, aunque por una vez creo que voy a fracasar estrepitosamente. Y es que hay una sensación que hacía mucho tiempo que no había sido capaz de obtener al cien por cien en una sala de cine: la de sentirme ilusionada, divertirme, emocionarme y disfrutar plenamente con los cinco sentidos de un buen film de acción y aventuras. Lo más parecido fue Star Trek Into Darkness y aún así, no fue una cinco estrellas a pesar de su calidad. Hacía tiempo, pues, que no me sentaba en la butaca pensando: "¡Esto es lo máximo. Quiero más!" Y entonces llegó Pacific Rim.

Desde que el proyecto de Guillermo del Toro salió a la luz se había creado una sensación de enorme expectación dentro de mi parte cinéfila y por primera vez en muchísimo tiempo eh aquí un film que supera las expectativas y se sitúa como la mejor película del verano, y la mejor en su género en, por lo menos, diez años. Lo que ya es decir mucho. Pacific Rim es lo más impresionante que ha hecho del Toro hasta la fecha, tanto en sus dimensiones como en su financiación. En pocas palabras, un auténtico peliculón. Es una historia sobre los Kaiju, una suerte de enormes monstruos nacidos de la mitología nipona (como Godzilla) que surgen de una brecha entre mundos que se encuentra en el océano Pacífico; y sobre los Jaeger, unos gigantescos guerreros de metal creados por los humanos para combatir a los invasores marinos y cuyo parecido con Mazinger Z no es para nada casual. Pero, ante todo, como en un Top Gun sublimado para el siglo XXI, es una historia sobre los pilotos que comandan estas descomunales máquinas, la fuerte unión que se crea entre ellos, y su lucha contra miedos, furias y debilidades internas metamorfoseadas en estos gigantescos aliens, auténticos amores del director mejicano. Del Toro ha mimado cada detalle de ambos monstruos como si fueran sus hijos, tan llenos de escamas y ácido como de acero y conexiones neuronales, y con esa dedicación, les ha dotado de sentido en cada plano. Y es que si hay algo que hace de este film un tremendo e indudable éxito no es sólo su capacidad para sorprender a pesar de beber de inumerables y reconocibles fuentes; sino el inteligente balance entre el peso narrativo de los protagonistas y unas escenas de acción tan impresionantes y bien hechas (uno se pregunta si existen los límites del realismo digital) que cualquier otro film de este año languidece a su lado sin oportunidad de defenderse.

Además, el guion de Pacific Rim no pretende intelectualizar a las masas con tres capas de enrevesados subtextos ni envolver al espectador en las desoladoras oscuridades de los nuevos héroes made in DC. En este film, lo que se ve es lo que hay, al estilo de las épicas aventuras tradicionales donde prima la empatía, la humanidad y ese amor romántico por la belleza de lo antinatural que es ya sello del director. En ese sentido, destaca la premeditada elección de un cast sin estrellas, pero con elementos de peso como Idris Elba (Prometheus) y caras frescas como la de Charlie Hunnam, que parece haber nacido para este papel en el que derrocha ese swagger canalla que tanto le caracteriza en la serie Hijos de la Anarquía. A su lado está Rinko Kikuchi, un personaje alejado de las feminidades prototípicas americanas e interpretado por esta actriz a la que ya conocimos en Babel y nos enamoró en Mapa de los Sonidos de Tokyo. Todos ellos encabezan un cartel de personajes dibujados a base de certeras pinceladas, pero para nada huecos. Pacific Rim se toma en serio, pero por ello no carece de humor (ahí están Charlie Day, Ron perlman y Santiago Segura) y no pretende deslumbrarnos, sino hacernos disfrutar. La verdad es que Del Toro decía que se lo ha pasado como un niño grande haciendo este mastodonte de 150 millones dólares... y se nota. Nosotros nos hemos sentido así viéndola.

Recomendación cinéfila: Renoir.

Puede parecer algo obvio, por aquello de que ambos comparten apellido, claro, pero yo no fui consciente de que Auguste Renoir (el famoso pintor) y Jean Renoir (el famoso cineasta) eran padre e hijo hasta que leí el argumento de la última película de Gilles Bourdos: Renoir. La historia del film cuenta la relación a tres bandas entre el artista, ya en sus últimos años de vida, e interpretado por Michel Bouquet, uno de los actores fetiches de Claude Chabrol; una de sus modelos, Andreé Heuschling (Christa Theret) y el hijo del pintor, Jean (Vincet Rottiers) que a su vez se enamora de la joven Dedé.

La película se encuadra en una fotografía preciosista que evoca las pinceladas coloristas de un incansable Renoir, el cual nunca dejó de pintar hasta su muerte en 1919, a pesar de sufrir una artritis galopante en las articulaciones de ambas manos. Y se cimenta en los recursos naturales (el suave ruido del viento entre los árboles, la exuberancia de su jardín, o los reflejos sobre el curso de un río) para inmortalizar el ambiente de la casa del pintor en la Costa Azul francesa, en un dilatado elogio a las películas costumbristas francesas y, dice su director, también a las de Jean Renoir. En este escenario, la figura de Heuschling aparece como la de una musa para padre e hijo, el primero inmerso en la tristeza de la muerte de su esposa y el segundo en el drama de la Primera Guerra Mundial donde sirvió como soldado y aviador. Es posible que, en algunos momentos, la cadencia de la narración se haga un tanto pesada, pero cuenta con proverbiales pasajes (como el del comienzo) donde la deliciosa música de Alexandre Desplat eleva el ánimo del espectador y deja que sus ojos discurran plácidamente alrededor de esta historia que no es tanto un biopic, como un retrato vivo de un momento crucial para el encuentro entre dos hombres, y una mujer, que marcaría el comienzo y el final de sus vidas.
Renoir se estrena este viernes 9 de agosto.

*Agradecimientos al Museo Cerralbo y los Golem por invitarnos a un pase previo

Agosto en 4 estrenos... de acción.

GUERRA MUNDIAL ZRecientemente, la mayor parte de los medios daban a conocer el complicado viaje de Guerra Mundial Z, adaptación cinematográfica de la exitosa novela de Max Brooks que versaba originalmente sobre una pandemia global de zombis contada desde los diversos puntos de vista de diversos supervivientes. En la pantalla, esas diferentes voces han quedado resumidas en una premisa tremendamente "original": Brad Pitt. Un miembro de la ONU, americano y devoto padre de familia. Varios medios se hacían eco también (y Vanity fair le dedicaba un reportaje entero) de los rumores que apuntan a unas supuestas desavenencias entre el director, Marc Foster, y Pitt. El primero lo ha negado rotundamente, el segundo no ha dicho palabra. En cualquier caso, por lo visto el guión de la película pasó por varias (quizá demasiadas) manos modificando el rumbo de la acción en el proceso. Problemas de presupuesto, elección de exteriores y cambios en la fecha de estreno son muchas de las cuestiones que le han puesto el odiado san benito de rodaje maldito. No obstante, la pregunta que cabe plantearse es si World War Z se convertirá en otra baratija del mercado negro veraniego o por el contrario, merecerá el pago de la entrada. La película se ha estrenado este fin de semana en España y aunque hay críticas que ya dicen que tiene una acción más comedida de lo esperado y que cuenta con algunas dosis de esa "Contagion" de Soderbergh de hace un par de años, las hordas de zombis trepando los muros de Jerusalén como si fueran una de las plagas celestiales parece más bien una broma algo floja. En EEUU, mientras tanto, ha sido un rotundo éxito.

PACIFIC RIM
Guillermo del Toro es, a día de hoy, uno de los directores de cine más reputados a nivel mundial. Es cierto que su lista de títulos no es extremadamente larga (aunque ahí están, entre otros, Mimic, Blade 2, El espinazo del diablo, las dos partes de Hellboy, El Laberinto del Fauno o Mamá, de la que ha sido productor), no obstante, su estilo particular, su convicción estilística y su cariño por los monstruos le han otorgado un puesto envidiable y merecido en la industria. Ha pasado por tiempos duros, tanto su proyecto de Las Montañas de la Locura como su versión de El Hobbit se fueron al traste. La primera no se llegó a rodar y la segunda pasó de nuevo a manos de Peter Jackson. No obstante, dice que todo ello le metió de lleno en el proyecto de Pacific Rim, con el que dice haber disfrutado como un niño de 11 años. La cinta, que llega a las pantallas españolas este 9 de Agosto, trata sobre una invasión extraterrestre perpetrada por una suerte de monstruos marinos (Kaiju) y sobre los oficiales que pilotan los Jaegger, unos enormes guerreros metálicos, diseñados para hacer frente a estos poco pacíficos atacantes nacidos de esa brecha en el Pacífico que da título al film. Charlie Hunnam, el guaperas de la serie Hijos de la Anarquía, es el protagonista junto con Rinko Kikuchi e Idris Elba y por mucho que el tráiler pueda llevar a engaños, esto no es una versión de Iron Man chutado de esteroides vs Godzilla, sino más bien, he oído decir por ahí, un Top Gun moderno que promete diversión a raudales.

ELYSIUM
Neill Blomkampp ya demostró con su Distrito 9 que se podía ser original en la ci-fi, contar con un bajo presupuesto y aún así dejar una huella en la taquilla y ser bien acogido por la crítica. Lo cual es mérito suficiente como para tener en cuenta sú último acercamiento a la dirección, Elysium. Proyecto protagonizado por el encantador Matt Damon (qué bien sabe promocionar sus películas) y Jodie Foster. ¿La historia? En un futuro distópico los ricos y famosos disfrutan de una comodada existencia en una estación espacial homónima al título del film, mientras el resto de los humanos malviven en la tierra. El concepto del film implicará, con suerte, tanto dosis de acción como de crítica socia. La verdad es que promete, y se estrena el 16 de este mes.

EL LLANERO SOLITARIO
Habrá quien guardase alguna esperanza... pero que El Llanero Solitario, la última mega producción de los creadores de Piratas del Caribe protagonizada por Jhonny Depp y Armie Hammer, tenía pinta de ser un (perdón por el vulgarismo) coñazo de cuidado, estaba más que cantada. Se estrena en España el próximo 21 de agosto y como para gustos están los colores, animo a quien le apetezca a olvidarse de prejuicios y perderse en este western sobre un ranger enmascarado (Hammer) en pos de la justicia que cabalga el oeste americano acompañado de un excéntrico indio interpretado por Depp. También se cuelan, entre persecución de trenes y puentes explotando, Helena Bonham-Carter y Tom Wilkinson. Lo cierto es que teniendo en cuenta el enorme presupuesto, el potente cast y la amplia promoción, dudo que los productores pudieran creer en el enorme batacazo de la cinta en EEUU. A este respecto, los dos protagonistas (promocionando la cinta en Europa) le han echado las culpas a la crítica estadounidense aunque, siendo sinceros, el porcentaje de público que se preocupa por las críticas es bastante limitado. Si no, Fast and Furious 6 no habría sido un híper taquillazo mundial. En fin, lo mejor que puede pasar es que uno vaya a verla y no sea tan mala.

4 imprescindibles series británicas (de época).

La tv británica vuelve a estar en alza, ahí están Black Mirror, Doctor Who, Downton Abbey o Sherlock para probarlo. No obstante, si hay algo que ha venido dando reputación a la caja catódica anglosajona son sus producciones de época. Aquí os dejamos cuatro ejemplos que cualquier amante de los period drama de excelentísima calidad debería tener en cuenta.

1. La Saga de los Forsyte (2002) - Damian Lewis. Gina McKee, Rupert Graves y Amanda Root. 2 temporadas. ITV. Basada en la novela de John Galsworthy.

Esta miniserie cuenta la vida de una familia adinerada y sus desavenencias a lo largo de treinta años con un cast de lujo, una ambientación prodigiosa y un guión sutil, poético, ágil e interesantísimo. Remake contemporáneo de la versión de 1967 cuenta también con Damian Lewis (co-prota de Homeland) y Gina McKee como las dos caras del leitmotiv de esta historia sobre amor, posesión y redención en el mejor envoltorio de cine de época.

2. Retorno a Brideshead (1981) - Jeremy Irons, Diana Quick, Anthony Andrews. Basada en la novela de Evelyn Waugh.

Es un clásico atemporal de la tv brit que cuenta la historia de la adinerada familia Flyte narrada desde la perspectiva del protagonista, un jovencísimo Jerey Irons, cuyo personaje se ve inevitablemente unido al devenir de este clan de personajes torturados por el peso de la religión, el deber y la familia. Es una adaptación extremadamente buena de la novela de Evelyn Waugh, quien siempre supo diseccionar la sociedad de la época con una pluma bien afilada y una de las mejores producciones para televisión.

3. Arriba y Abajo (1971) - Gordon Jackson, Jean Marsh, Angela Baddeley, David Langton. 5 temporadas.

Serie mítica donde las haya (asombrosamente reeditada en dvd en los últimos años en España), que narra la vida de señores y criados (de ahí el título) habitantes del 165 de Eaton Place, una casa del Londres de finales del siglo XIX donde se tratarán diversos hechos de la época (la primera Guerra Mundial, la muerte del rey Eduardo VII, el hundimiento del Titanic, o el crack del 29) entrelazándose con las vidas de los protagonistas. Con un guión y recreaciones excelentes, en 2011 la BBC produjo una secuela de bastante calidad aunque diferente estilo. Con todo, no hay nada como la original, y es que Upstairs Downstaris siempre será considerada como una de las mejores series británicas de todos los tiempos.

4. Cranford (2007) - Maggie Smith, Julia Mckenzie, Imelda Staunton. 2 temporadas. BBC. Basada en la novela de Elizabeth Gaskell.

Si hay algo que Elizabeth Gaskell sabía hacer, era narrar con descripción felina la vida costumbrista inglesa; y si hay algo que la BBC sabe llevar a la pequeña pantalla son este tipo de relatos. Y es que Cranford es una pequeña ciudad inglesa gobernada por un grupo de solteronas de edad avanzada, tan entrañables como cotillas, donde se dibuja con cariño, detalle, belleza y comicidad la auténtica esencia de lo inglés. Una delicia de producción muy reciente, perfecta para disfrutar en invierno junto a una taza de té.

*Todas menos The Forsyte Saga se pueden encontrar en dvd en español.

Julio en 4 estrenos

After EarthNunca deja de hacerme gracia (y también me da un poco de pena) que cada vez que M Night Shyamalan (antes el grande, ahora el vilipendiado) saca nuevo film todo el mundo se dedique a comentar su declive cinematográfico. Dicen que desde La joven del Agua y el Incidente el director indio no levanta cabeza con la crítica por mucho que aún tenga cierto respaldo en las salas. No obstante, a mí me gustó mucho la Joven del Agua y jamás se me ha ocurrido pensar que Shyamalan sea, ni mucho menos, un director al que haya que menospreciar. Siempre he dicho que lo peor que le puede pasar a un artista es que su primera obra sea tan alabada por la crítica que tenga que pasarse el resto de su vida estando a la altura. Y el Sexto Sentido dejó a Shyamalan en la encrucijada. Este mes estrena After Earth, una película apetecible que cuenta con dos bazas en contra: el insulso tráiler y Jaden Smith. Que éste saliera de la mano de su padre en En Busca de la felicidad tiene un pase, pero que su incapacidad bíblica para transmitir emociones convincentes sea el billete de entrada para ver este film, no tanto... No obstante, hay tantas pelis horriblemente malas por ahí que, sinceramente, no creo que After Earth se merezca menos que un enorme voto de confianza. Démosle una oportunidad al bueno de Will Smith, al CGI distópico y a Shyamalan, a quien a fuerza de odiar voy a acabar por querer.

Los becarios
Hay pocas veces en las que los nombres de Vince Vaughn y Owen Wilson juntos me produzcan algún tipo de confianza cinematográfica, generalmente ninguna. No obstante, vi un clip de Los Becarios la semana pasada y ya sea por la curiosidad de ver Google por dentro o porque las pocas líneas de guión que escuché fueron hilarantes, me inclino a pensar que esta comedia puede contener suficientes alicientes para que, una vez vista, no nos entren ganas de devolvernos el dinero. Y quizá, con suerte, es lo suficientemente divertida como para insuflarle algo de vida a la carrera de Wilson, ¡donde quedan aquellos viajes a Daarjeling!

Antes del anochecer
Tres. Han hecho falta tres películas con títulos cíclicos dedicados a las horas del día y su cadente luz para cerrar esta estructura entre love-story y diálogo intelectual conformada por July Delpy e Ethan Hawke. Primero vino el amanecer, luego el atardecer y ahora anochece en Grecia, nada menos. El cartel de la película es muy bueno, con él se han ganado a un tercio de los espectadores de los cines Renoir (entre los que me incluyo). He escuchado por ahí que se han puesto un poco "serios", pero no se me ocurre otra palabra que describa mejor los sustratos de todas las películas de Delpy, en las que sale, en las que dirige y en las que hace ambas funciones. Así que no me preocupa. Merecerá la pena ir a verla, aunque sólo sea por ver el tránsito hacia la madurez de estos dos intérpretes que, como el buen vino, han ido cogiendo cuerpo y sabor con la edad... o, sencillamente, porque no hay dos sin tres.

Monstruos University
Pixar, que ya me tenía ganada desde hace tiempo, me conquistó con la página web creada para la MU, o el título homónimo de su próxima película Monsters University. ¡Yo quiero ir a esa universidad! Una que, de lejos, parece mejor que este abismo educativo en el que nos hayamos. El tráiler recorre los puntos clave de ésta precuela (la primera que se deciden a hacer) y nos presenta a nuevos personajes y a otros, esos dos protagonistas, que ya hemos visto en Monstruos inc: Sully y Jake, ese gran roba escenas verde. Lo cierto es que yo no tengo problemas en sacar mi espíritu infantil y gamberro del armario e ir a perderme por este campus en la primera sala de cine que encuentre este fin de semana. ¿Y vosotros?

El hombre de acero: primer rompetaquillas del verano.

Henry Cavill es el perfecto Superman. Es guapo, atlético y capaz de representar la compleja dicotomía del alienígena desarraigado y el humano torturado que debe encontrar su destino (y su traje de capa carmesí). No obstante, El Hombre de Acero es un film desigual. Cuenta con una excelente primera hora donde ahondar en el nacimiento del héroe y seguir el desarrollo de su vida mientras la trama avanza con paso firme. Así como un híper-realismo de texturas fotográficas que deja claro las intenciones del director Zack Snyder de crear un nuevo Superman alejado de la caricatura y el color al estilo de ese Caballero Oscuro o esos Watchmen que ya han poblado las pantallas con anterioridad. Aunque intentando a toda costa, y no siempre con éxito, crear una pátina única que permita reconocer a este súper hombre que estrena traje y banda sonora a la altura del nuevo mito.

Pero también cuenta con una segunda mitad que se ve propulsada por una ingente concatenación de escenas de acción tan efectistas y pirotécnicas como vacuas y reiterativas; que sólo son interrumpidas por algunos momentos de brillantez. Demasiadas veces hemos visto ya el caos en ciudades como Nueva York o Chicago, ahí tenemos los Vengadores o Transformers 3. Poco espacio se deja en El Hombre de acero para la imaginación entre tanto suculento choque titánico, brotando sin medida pero mil veces visto ya. Es como si se hubiera perdido por el camino el tipo de acción que caracteriza a Superman, más centrada en la hazaña humanitaria contra objetos de gran tamaño que el uso de la fuerza bruta como único recurso una y otra y otra vez más. Le sobra también y por los cuatro costados, la sobre-estimada fanfarria militar USA que roba protagonismo al tándem Cavill-Shannon, mucho más atractivo. Incluso, por haber, hay ecos del 11S fácilmente reconocibles en escenas excesivas para un héroe que siempre se ha dedicado a salvaguardar N.Y pero no al mundo. Quizá ahí esté el quid de la cuestión, que lo que se busca con el Hombre de Acero es un auténtico héroe global, un símbolo de esperanza y una metáfora divina vestida de azul que necesita llevar a cabo un acto recíproco de fe en la humanidad. Un líder, un guía para el siglo XXI.

Se agradece, eso sí, que en este guión co-firmado por Goyer y Nolan, se ahonde (al estilo de ese primer Batman Beguins) en las raíces del héroe, de dónde viene y a dónde va, por qué lo hace y cómo lo hace. De ahí que Krypton y todo lo que de éste proviene sea el eje diametral de la película, causante y cura de todos los males. Resulta interesante, además, que el proceso de humanización sea lo que haga más fuerte al héroe y también, a su vez, más diferente. En medio de este cruce de caminos se encuentra una de las mejores bazas del film: las excelentes elecciones de casting. Desde Russell Crowe como Jor-El, en su constante leitmotiv al estilo comodín de la llamada; el magnífico Michael Shannon como el potentísimo General Zod, o Amy Adams como una renovada y tenaz Loins Lane que parece, no obstante, un recurso algo impostado, habrá que esperar para ver el desarrollo de un personaje prometedor. Sin olvidarse de esos secundarios de primera fila como Diane Lane o Kevin Costner como los padres terrícolas. Un elenco que dinamiza y afianza la larga carrera de este rompe taquillas con pronóstico de dilatado futuro.

Y es que a la postre, El hombre de acero reinventa el arquetipo para encontrar su propia personalidad en pleno auge de la heroica post-moderna, y lo hace en un film algo sobrecargado al que le falta el sentido del humor que le sobraba a esa ¿fallida? obra de Bryan Singer; pero que promete crecer, igual que lo hizo Bruce Wayne, de la mano de un protagonista a la altura de las circunstancias y con un devenir viable y apetecible. Con este primer y robusto contacto creado por Snyder y Nolan se abre el apetito por saber qué se esconde en el corazón de este auténtico hijo de Krypton y sus poderosísimos ojos azules.

Encuentro con Danny Boyle (Trance)

Trance, la nueva película de Danny Boyle se estrenó el viernes 14 de Junio en toda España. No obstante, el pasado miércoles 12 de Junio unos cuantos afortunados tuvimos la oportunidad de ver el pre-estreno de la película en los cines Kinepolis de Madrid con motivo de la entrega de premios del concurso ¿Quieres ser crítico de cine? de la revista Guía del Ocio. Sin embargo la auténtica sorpresa fue que ¡allí estaba Danny Boyle! El mismísimo director apareció por sorpresa para presentarnos el film y se quedó después del pase para una interesante ronda de preguntas.

Boyle, ante todo, es un tipo afable, amable, y con un gran sentido del humor. También profesa un evidente amor por el cine; y aún más importante, por el público que ve cine. Todo esto fue fácil de comprobar desde el momento en el que puso el pie en la sala, acompañado de su inseparable intérprete, y saludó con un "¡Hola!" en perfecto castellano. La ronda de preguntas llevó primero al tema de la creación de Trance. Boyle dijo que estando inmerso en la preparación de la ceremonia de apertura de Los JJOO de Londres del pasado año, tuvieron la suerte de poder desconectar de un evento con tantos detalles a tener en cuenta y burocracia; y tomarse un break lo suficientemente largo como para poder rodar Trance. "Nos tomamos un respiro de los Juegos Olímpicos y esto fue lo que salió" se echaba a reír el director. Puesto que si hay algo claro es que en Trance nada es lo que parece, y desde luego muestra un nuevo horizonte de lugares oscuros para refugio de este director inglés, que amplió su público de fans incondicionales (Trainspotting, 28 días después) con el éxito internacional y ganador del Oscar, Slumdog Millionaire.

Sobre la trama del film, Boyle comentó que su idea del cine implica que "el espectador salté de la butaca. Que sienta algo y que se quede pensando sobre ello. Que se diga "¿qué coño es esto?". Gran fan de David Lynch, Boyle también habló sobre el peso de la música en sus películas. Siendo de los primeros en usar una banda sonora compuesta por temas musicales y no una BSO de orquesta al uso, comentó: "Yo elijo, con el quipo, personalmente las canciones. Lo considero muy importante. Es cierto que en su momento nos criticaron por ser muy MTV. Una película (Trainspotting) rodada en Inglaterra, con actores y producción inglesa, pero muy MTV ¿sabes? - ríe - no obstante nos lo tomamos más bien como algo positivo".

Sobre el tono desconcertante y oscuro que desprende el film, centrado en la hipnosis, Boyle comentó que "John Hodge, uno de los guionistas, es médico. Resulta que los médicos tienen un sentido del humor muy negro y eso nos sirvió muchísimo para el guión de esta película" "Por ejemplo, tienen este código propio, como un idioma, con el que se comunican sin que el paciente sepa lo que están diciendo. Usan siglas (con significados un tanto duros) y verdaderamente no es algo políticamente correcto, pero demuestra ese reverso oscuro". También dejó claro que si bien la hipnosis es real, y que hay un 5% de la población que es proclive a caer más fácilmente en trance, como actores acostumbrados a convertirse en otras personas o hijos únicos; añadió que él no se veía capaz de prestarse a ello:"Yo no haría hipnosis. Principalmente porque no querría empezar a decir la lista de actores con los que quería trabajar, pero que al final no pude conseguir".

Hacia final, le preguntaron por dos elementos importantes del film. Por un lado, la relevancia del personaje femenino de Rosario Dawson: "Mis hijas siempre me decían que no hacía películas donde la parte fundamental fuera una mujer. Y es cierto que en el cine hay muy pocas películas donde sea una figura femenina quien vertebre el argumento del film. En Trance tenemos, al fin, al personaje de Rosario Dawson que va tomando importancia". Por otro: Goya, el autor del cuadro alrededor del que gira la trama de Trance. "¡Goya! Es vuestro hombre. Hay un antes y un después de Goya!" dijo, añadiendo que la influencia del pintor resulta clave en la historia del arte, incluso hoy en día. "Fue un hombre innovador". Además, dijo que "El Museo del Prado se portó maravillosamente con nosotros, permitiéndonos copiar el cuadro y crear una réplica. Nuestro mayor miedo era que el cuadro fuera robado del Prado mientras hacíamos la película. Había sido muy embarazoso".

Cuando acabó la ronda de preguntas y el público asistente comenzó a dispersarse, unos cuantos intrépidos nos acercamos a Boyle, que de nuevo demostró ser un hombre cercano, paciente y amigable al que no le importó quedarse un rato más firmando, tomándose fotos y charlando con quienes quisiéramos hacerle alguna pregunta más. La mía fue relativa al actor escocés James McAvoy, co-protagonista del film: ¿Por qué eligió a este actor para uno de los papeles clave? Boyle contestó que "James actúa de forma brillante. Es un gran actor. Cuando le conocimos pensamos que quizá fuera un tanto demasiado joven para el papel, tiene esa cara tan joven, pero cuando hizo la audición lo clavó, fue perfecto." También comentó que McAvoy resultó una buena elección para representar las dos facetas de su personaje y evolucionar ante la cámara. "Es un actor que va a ir ganando, cuando tenga cuarenta años seguirá teniendo un aspecto juvenil, pero será diferente. Sólo puede crecer como actor. Es brillante".

Clausura de Cannes 2013

 Después de una semana cuajada de estrellas y unos cuantos metros cúbicos de lluvia ha llegado la Gala de Clausura del Festival de Cannes. Y cumpliendo con las quinielas, el festival de cine más prestigioso de Europa ha dejado como ganadora de la Palma de Oro al film 'La vida de Adele', película protagonizada por Léa Seydoux que ha sido increíblemente bien acogida entre la crítica. Amat Escalante ha sido el ganador como mejor director, Berénice Béjo se ha llevado el premio a mejor actriz por 'Le passe' y Bruce Dern el de mejor actor por 'Nebraska'. El Gran Premio del Jurado ha sido para el film 'Inside Llewyn Davis' la última creación de los hermanos Coen, el Premio Internacional del Jurado (presidido por Steven Spielberg este año) ha sido para 'Like Father, Like son' y finalmente el premio al mejor guión se lo ha llevado Jia Zhanhke por 'A Touch of Sin'.

Películas que aún puedes ver si.... vas al cine en mayo.

Antes de que estrenen este viernes 'El Gran Gatsby', la nueva hipérbole cinematográfica de Baz Lurhman ('Mouline Rouge') protagonizada por Leo Dicaprio, Carey Mulligan y Tobey Maguire; y que promete ser puro exceso para adaptar el clásico de Scott Fitzgerald... comentamos lo que aún queda de interesante en la cartelera, si es que antes ya has visto la tercera entrega de Iron Man, claro.

'Stoker' - Película oscura donde las haya, parece que Nicole Kidman está volviendo a encontrar papeles a la altura de su talento, y sin nada de botox. Dirigida por Park Chan Wook en su estreno hollywoodiense, a Kidman la acompañan Mathew Goode y Mia Wasikowska.

'La Gran Boda' - Comedia ligera plagada de estrellas donde los secundarios se hacen dueños de la situación, con Amanda Seyfried, Ben Barnes, Robert de Niro, Diane Keaton, Susan Sarandon o Katherine Heigl.

'Ayer no termina nunca' - Un nuevo drama de Isabel Coixet, quien promete pasarse a la comedia dentro de un par de films, y que reúne a dos de nuestros mejores actores patrios como son Javier Cámara y Candela Peña; para contar una historia de pérdida que ahonda sobre ese espacio que creamos las personas entre nosotras y lo difícil que es volver a recuperar el tacto ajeno sobre la piel.

'La mula' - Película difícil de hacer donde las haya y cuyo director, Michael Radford, abandonó el proyecto antes de terminarlo, promete resarcir a Mario Casas como actor, y a quien acompaña María Valverde. A ambos les sienta bien alejarse de esos "Tres metros sobre el cielo".

'On the road' - Adaptación de la novela homónima de Jack Kerouac e himno de la generación beat, la aproximación de Walter Salles a un libro, dicen, inadaptable, se queda a medio camino con Sam Riley, Kirsten Stewart y Garrett Hedlund.

'Efectos secundario's - Excelente thriller de Steven Soderberg, que por mucho que anuncie que deja esto del cine, sigue manteniendo su capacidad para rodar buen material. Protagonizada por Jude Law y Rooney Mara, lo mismo critica a la industria farmacéutica y la adicción a los fármacos de la sociedad contemporánea, que planea, con habilidad de cirujano, un thriller tan preciso como un puzle de mil piezas.

'To the wonder' - Sin llegar a los topes estéticos y psicológicos de aquella odiada u amada 'El árbol de la vida', Terrence Malick vuelve a su idea de hacer cine con unas imágenes cuyo sustrato es interpretado por un espectador paciente y sensitivo. Como todo exquisito cine de autor, no es apta para todos los gusto.

Crítica 2x1: The host + Diario de un zombie adolescente - Apocalipsis teen.

Este mes se han estrenado dos películas con rasgos definitorios comunes, aunque también inevitablemente divergentes. En ambos ha llegado el fin de la humanidad, pero si para unos viene como una amenaza exterior, para otros ésta misma procede del interior de nosotros. Comparten su mirada blanda sobre el fenómeno, pero se alejan al elegir el tono del formato. Por un lado tenemos la versión dramático-meliflua de esta dicotomía del apocalipsis teen: The Host, adaptación cinematográfica del segundo fenómeno literario de Stephenie Meyer, basado en su novela homónima y centrada en una invasión alienígena de "almas" o una suerte de amebas lumínicas que se adueñan de los cuerpos humanos anulando su personalidad. Y por otra, la versión cómica, tierna y kitch: Memorias de un zombie adolecescente, o "Warm Bodies" en su excelente título original. Otra daptación de una novela para adolescentes en edad de floreciente hormonamiento, y que se centra en las desventuras de R, un zombie que es más humano de lo que debería.

Ambos films desarrollan una suerte de binomio amoroso (alien-humano, zombie-humano) aunque si en Warm Bodies nos encontramos con la tradicional pareja en versión destroyer (la chica, por una vez, es quien lleva los pantalones), en The Host el idilio se subarticula en un cuadrángulo de sólo tres cuerpos, (ahí está la espléndida Saoirse Ronan acompañada de un par de macizos bien escogidos: Max Irons & Jake Abel), y que es donde reside la gracia del asunto. Un asunto, todo hay que decirlo, profundamente desarrollado en el libro. Una novela prodigio de descripciones, frases y sensaciones que la película no puede compensar en una producción que carece de ese lenguaje narrativo y que se centra, en contrapunto, en potenciar inútilmente un aura de tensión en torno al personaje de La Buscadora (Diane Kruger). No obstante, como adaptación, sí que parecen haber conseguido llevar a la pantalla con algo de acierto una historia interesante, que acaba careciendo, eso sí, de la magia suficiente o del arrojo cinematográfico necesario para desarrollar un film con matices y adherencias en vez de una escueta y superficial mirada a un argumento con muchas más posibilidades de las que Andrew Niccol ha sacado a la luz.

En ese sentido, y aún sin profundizar ni de lejos en lo que se esconde de humanidad en nosotros cuando nos des-humanizamos, Warm Bodies consigue ser una película mucho más atrevida, entretenida y divertida gracias a su tono de locura-yeye, el preciso trabajo del dúo protagonista y su excelente dosis musical. Y es que Memorias de un zombie adolescente no es sino una extraña rom-com, donde no prima el romance arquetípico, sino donde se intenta abordar las distancias entre sexos de la forma más atípica posible. Cae, inevitablemente, en los típicos giros argumentales y recursos narrativos del género, pero consigue salir airosa al tomarse poco en serio y olvidarse de sobrecargar las tintas dramáticas. Con todo, es ese R (Nicholas Hoult) quien salva la función, junto con un guión de entretenidos juegos cotidianos que propone otra visión del producto-teen de hoy en día. Y para terminar, una última advertencia, si no habéis visto aún el tráiler: ¡no lo hagáis! Y es que parece mentira que existan tales spoilers hoy en día.

Oblivion

Empezaba a echarse de menos el regreso de un blockbuster de ciencia ficción de los que aceleran las neuronas a la vez que recrean la vista con inteligencia y pulso dramático. Y 'Oblivion' reúne todas esas cualidades. Con una banda sonora a cargo de M.8.3 absolutamente arrolladora, (un grupo recurrente en la escueta filmografía del director Josheph Kosinski, quien consigue aquí lo que le costó algo más en 'Tron-Legacy'); y un tono melancólico que se propaga fotograma a fotograma; esta película sobre el olvido y sus consecuencias no ya tanto para la humanidad como para lo que significa ser humano, es un film potente, con un Tom Cruise en estado de gracia acompañado de dos grandes actrices como Andrea Riseborough (W) y Olga Kurylenko ('Quantum of Solace'). A este respecto resulta interesante mencionar que Kurylenko protagonizó 'Land of Oblivion'; una película excelente que no sólo era similar en el título, sino también en el tratamiento de las relaciones de vinculación entre las personas y el lugar al que sienten que pertenecen. A pesar de tener poco que ver con la perspectiva hiper tecnológica de esta superproducción distópica no tan made in Hollywood como pudiera parecer.

'Oblivion' se compone de dos horas y algo de metraje que primero discurre en largos y cadenciosos planos de belleza natural desoladoramente intrigante, pobladas de un impecable uso de efectos digitales dedicados a narrar las huellas del pasado terrícola de forma más que impactante. Durante un extenso prólogo de casi una hora se sume al espectador en los usos y costumbres de los protagonistas contando de nuevo con esa extrañamente plácida sensación de desarraigo que de forma tan palpable e inteligente se transmite al espectador y poco a poco va desgranándose un guión que camina sobre suelo firme. Todo ello lleva también, y de forma irremediable, a una segunda parte donde se desencadenan los acontecimientos tras dinamitar la primera ficha de dominó de un curioso efecto mariposa donde nada es obvio y todo es interpretable, pero cuyo puzle acoge todas las fichas hasta el último segundo.

En ese sentido es posible que se pueda apreciar cierto desnivel entre primer y segundo acto, así como algunos errores de cohesión narrativa en algunos personajes estrella como el de Morgan Freeman. Le sobran, también, efectismos que no están a la altura del conjunto, detalles que ni las productoras americanas ni el público 'mainstream' al otro lado del charco parecen poder excluir de sus superpoducciones épicas. No obstante, la resolución está a la altura y merece la pena remontarse al inicio para mirar el film con la perspectiva suficiente como para saber, sin atisbo de duda, que 'Oblivion' es un excelente trabajo de ciencia ficción con un interesantísimo sustrato moral y una dinámica de thriller adulto que ya le hubiera gustado a 'Prometheus'.